Una beba en la ruta y la masacre de una familia.

Se trata de un extraño caso que ocurrió en Luján, en diciembre de 2000. Los hermanos y los padres de la criatura fueron asesinados. Por el cuádruple crimen fue condenado el padrino de la pequeña. Pero aún persisten varios interrogantes

Una beba en la ruta y la masacre de una familia

Paulo Kablan

Por Paulo Kablan

Dos de diciembre del año 2000. Dos muchachos, que habían salido a cazar, quedaron aterrados al ver a una beba de menos de un año a metros de un puente, en un descampado cercano a Open Door, en el partido de Luján. Estaba sucia y el cuerpito se había llenado de hormigas. Pero estaba viva. La llevaron desesperados al Hospital de Luján, donde la asistieron y después fue entregada a una familia para que la cuidara. Era el comienzo de un gran misterio que, hasta hoy, no ha sido aclarado por completo.

Al día siguiente se presentó en la comisaría una mujer para denunciar que su hermana, su cuñado y sus tres sobrinos habían desaparecido. En pocas horas reconoció a la beba como su sobrina, pero ¿dónde estaban los demás integrantes de la familia? Además en la casa que habitaban había una mujer, quien contó que su hijo, llamado Sergio Santillán, por entonces de 24 años, le había pedido que cuidara la vivienda. Que los dueños de la casa se habían marchado a Uruguay, de donde eran oriundos, porque estaban amenazados.
Santillán, que era el padrino de la beba, declaró primero como testigo. Dijo que sus vecinos le habían pedido que guardara los electrodomésticos que había en la casa, y que él se los había llevado a su domicilio, y también le habían vendido un viejo Ford Taunus. El motivo del viaje, según sus palabras, era porque habían sido amenazados debido a que el padre de la familia se había convertido en "curandero" y posiblemente había estafado a un supuesto cliente.
¿Por qué se habían ido de esa forma desesperada? ¿Cuál era la razón para abandonar a la hija menor en un camino vecinal? Nada cerraba para encontrarle una explicación coherente a la desaparición de Mario Luis Zarnic (31), Viviana Karina Reposi (32) y sus hijos Esteban Alejandro (9) y Julián Jesús (8). Sólo Santillán contaba que la familia había "escapado" a la República Oriental del Uruguay. En los primeros días de la investigación, sólo se hizo una inspección en la casa ubicada en Dr. Real 274 de Luján, donde habían constatado que faltaban los electrodomésticos que aparentemente habían comprado en las últimas semanas. Esos elementos, como se dijo, estaban en la casa del padrino de la beba.
Lo más llamativo para los pesquisas, por entonces, era que Zarnic, que había trabajado varios años como remisero, había experimentado en los últimos meses una mejoría en su situación económica, desde que había decidido abandonar su actividad como chofer para dedicarse a las prácticas esotéricas. Por esos días, se siguieron decenas de hipótesis, que no llegaron a ninguna parte.
El fiscal de la causa, Pablo Merola (años después sería Fiscal General de Mercedes), que manejó la investigación personalmente, fue quien convocó a un equipo de peritos especializados para que realizaran un exhaustivo análisis de la escena primaria, la vivienda.
En la calurosa mañana de Reyes de 2001, el equipo de investigadores ingresó a la vivienda de la calle Dr. Real. Utilizando Luminol (producto químico que reacciona ante la presencia de sangre, aunque el lugar haya sido lavado), encontraron la primera pista: en los zócalos y en un pasillo de la construcción había restos de lo que podrían ser manchas hemáticas. El sector había sido limpiado, pero fue un indicio que los llevó a presumir el peor final para la familia Zarnic.
En el pequeño y descuidado patio de la vivienda, notaron que el pozo ciego había sido tapado con piedras y maderas. Al sacar esos elementos, debajo había tierra removida, más madera y, finalmente, el hueco. Primero apareció el cadáver de la mujer, después los cuerpos de los nenes y, en la parte más profunda, el del padre. También, en el mismo pozo, hallaron un pico de construcción que, posiblemente, era el arma homicida.

Las cuatro víctimas habían sido asesinadas con brutales golpes en la cabeza
. Pero, por el avanzado estado de descomposición de los cuerpos, nunca se pudo determinar con precisión cuáles fueron las causales de muerte.
Santillán, que para entonces era el único sospechoso, fue detenido ese mismo día acusado del cuádruple homicidio calificado. El joven, que hasta el momento de la captura trabajaba en una gomería del barrio en donde ocurrió la masacre, quedó alojado en la comisaría local y de allí fue derivado a una cárcel del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB). Nunca más volvería a declarar.
Las contradicciones en las declaraciones, la mentira que había montado ante la Policía para justificar la ausencia de la familia, además de haberse llevado a su casa los electrodomésticos de la casa del crimen y el auto de Zarnic, fueron más que suficientes para que el fiscal le pidiera la captura al sospechoso. Pero, ¿pudo haber cometido solo semejante masacre? Hasta hoy hay investigadores que sospechan que pudo haber actuado con la ayuda de otras dos personas, lo que jamás se pudo probar.
En el año 2006 se realizó el juicio oral y público contra Santillán. Luego de varias audiencias, en las que declararon más de un centenar de testigos, el acusado fue condenado a prisión perpetua por la matanza de la familia Zarnic. En ese debate, además, se concluyó que pudieron haber colaborado otras personas, no identificadas.
Pese al fallo de la justicia, el misterio de la familia Zarnic aún perdura en Luján. Todavía hay muchas preguntas que no han sido respondidas. Y el interrogante más importante: ¿por qué abandonaron a la beba en ese camino vecinal?

Fuente: Diario Popular

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