Las otras revistas que plantean una realidad que muchos no ven.

Año 6. Edición número 288. Domingo 24 de Noviembre de 2013

Por

Eduardo Anguita

eanguita@miradasalsur.com

Sergio Ciancaglini. Fundador de Mu./ Diego Genoud. Una de las caras de Crisis./ La garganta poderosa. Una de las tantas actividades del colectivo villero./ Las últimas tapas. Mu, con Monsanto; La Garganta, con Luciano Arruga, y Crisis y Coca Cola.

Mu, Crisis y La Garganta Poderosa son tres medios periodísticos que bucean en las formas cooperativas y, a fuerza de buenas investigaciones, lograron un éxito que parecía destinado sólo a los productos marketineros.

Hay tres revistas emblemáticas por historia y por sus condiciones de producción, Mu, el periódico de la cooperativa La Vaca; La Garganta Poderosa, y Crisis, en su tercera época. Sergio Ciancaglini, fundador de Mu, afirma que “nosotros tenemos una cooperativa de trabajo que se llama La Vaca y arrancamos con una página de internet y estuvimos ahí varios años, creo que fue de las primeras agencias de noticias por internet que hubo. Yo vengo de la gráfica y nos gustó mucho la idea de poder plantear una revista. Nos parecía que hacía falta no una, sino muchas revistas, y creo que, por suerte, La Garganta y Crisis están creciendo en ese mismo sentido”.
–No me acuerdo si fuiste vos o algún otro miembro de la cooperativa que me invitó en el año 2002 a una asamblea, en una fábrica recuperada...
Sergio Ciancaglini:
–Era una fábrica recuperada y a la vez eran grupos piqueteros que estaban haciendo algo que forma parte, me parece, de toda una nueva emergencia cultural de estos últimos años, que es la posibilidad de la autogestión. De ahí que, en gran medida, tanto las fábricas recuperadas como los grupos piqueteros, organizaciones villeras, organizaciones barriales y demás, hemos visto que existe una cosa novedosa que creo que incluso está marcando cancha, incluso internacional. Antes, las fábricas tenían que ser o de un patrón o del Estado. El concepto de fábrica recuperada es tan nuevo que nos llevó incluso a hacer libros con respecto a este tema, pero con estas otras experiencias. Me parece que están marcando una genética y una química nueva en las formas de hacer sociedad
–La última vez que lo vi a Sergio Ciancaglini fue en la villa Zabaleta, cuando se hizo una movida hecha por la familia de Kevin a los pocos días de su asesinato y acá está uno de los compañeros del colectivo La Garganta Poderosa con la revista recién salida del horno. ¿Cómo está, compañero?
La Garganta Poderosa:
–Muy bien, para nosotros es importante subrayar que hay muchas falsas premisas sobre nuestros barrios y el imaginario que se construyó, surgió de dedos tipeando en teclados que están demasiado lejos de nuestro barrio.
–Diego Genoud, el reciente número de Crisis incluye en la tapa a una chica linda y una botella de Coca Cola y el título “La tenemos adentro”. Irreverente, ¿no?
Diego Genoud:
–Sí, buscamos, de alguna manera, lo que pienso que también buscan La Garganta y todas las demás revistas: tratar de competir en el kiosco. A veces somos medio crípticos, otras veces nos jugamos un poco más con esa idea de provocar al que está pasando, que por ahí no sabe lo que es Crisis. Estás en el kiosco, donde hay miles de propuestas que pasan y van pereciendo, nuestra apuesta, por ejemplo, con Kirchner fue un título que era “La épica extrabiada”, sí, con b larga, por estrabismo, aludiendo a algo que no está enfocado.
–En la tapa de La Garganta hay una ilustración, un dibujo de Luciano Arruga...
L.G.P:
–Sí, y tal vez es una de las tapas más importantes, seguro una de las tapas más importantes para nosotros, porque no bien empezó La Garganta muchas veces teníamos la intención de que alguno de nuestros vecinos pudiera estar en la tapa y nos sentíamos obligados muchas veces a contar con la suerte de la buena predisposición de muchísimos personajes reconocidos en la cultura popular, que funcionaban como gancho para poder contar adentro las historias de nuestro barrio. Hoy por hoy, eso nos permitió que la revista tuviera un grado de difusión o de aceptación que nos permite poner de nota principal el tema que para nosotros es central: hace 29 días que la familia de Luciano Arruga está acampando, es un chico, un pibe desaparecido en democracia, cuyos restos de ADN se encontraron en un destacamento policial y ni siquiera se avanzó en la investigación de los peritos forenses. La familia está ahí reclamando que alguien les dé respuesta y me parece que esa necesidad de la que hablaba Sergio, de que existan nuevos medios no sólo tiene que ver con la cultura editorial o literaria, sino con una necesidad política, una necesidad social de que emerjan a la luz cuestiones como éstas que es increíble conseguir que estén invisibilizadas.
–Sergio, el otro día hubo elecciones provinciales en Salta. Y hubo una sorpresa que yo todavía creo que merece muchísimo análisis. Que el Partido Obrero haya hecho la elección que hizo en Salta tiene que hacernos pensar que muchos de estos medios que provocan el sentido intelectual, emocional, cultural y político también sirven para haya gente que diga “yo soy peronista pero mañana voto a Altamira aunque le digan lo que le digan”.
S.C.:
–Sí, yo creo que ocurrió una ruptura en los medios convencionales porque cuando vos me veías ahí trabajando en la segunda sección de Clarín, yo estaba haciendo notas sobre chicos recuperados siendo que mis jefes en el diario decían “¿cómo vas a hacer semejante cosa?”. Y yo las hacía e iban a una estratosfera donde alguien decidía o no que se publicaran. Lo que se rompió fue Clarín, que abandonó el periodismo yo creo que a raíz de esa década menemista, para ponerlo como gran bisagra, en la cual el negocio pasó a ser lo preponderante y dejó de haber lugar para esos espacios que todavía los diarios se permitían para hacer periodismo. Y me voy un poquito más atrás, ¿saben quién era el jefe de la sección Política y Fuerzas Armadas de Clarín en plena dictadura en los años ’60 y comienzo de los ’70?
–Sí, lo sé porque me lo contó personalmente, además me contó la anécdota de cómo Roberto Noble se le acercó y le dijo a usted lo quiero de jefe de Política y Fuerzas Armadas.
S.C.:
–Bueno, era Osvaldo Bayer. Entonces uno dice: había un espacio para que alguien como Osvaldo Bayer fuera jefe de Política y Fuerzas Armadas, no del sector literario o de Deportes. En esa época, en los ’90, hubo un quiebre histórico en los medios argentinos, no sólo en Clarín, donde el negocio pasó a ser el eje de la cuestión. Lo que yo siento hoy en día trabajando en Mu y con compañeros de distintas revistas, como el caso de La Garganta y otras, es que están haciendo un tipo de periodismo que, como vos decías, para mí no es alternativo. Cuando Boca juega con el equipo alternativo es que va con los suplentes, eso lo sabe cualquier futbolero. La medicina alternativa es como un plan B frente a la verdadera medicina. Lo de alternativo, en ese sentido, no nos gusta porque yo veo que las radios comunitarias, por ejemplo en el interior, hoy son preponderantes. Por eso existe la ley de medios, y creo que revistas como La Garganta, o como Mu, o como Crisis y tantas otras, no son el plan B de nada. Hasta para los canillitas está claro, porque a ellos les interesa vender y las revistas se venden, con lo cual se está armando un nuevo paradigma con estas revistas que tocan los temas centrales hoy.
–Es interesante esto de que escribir desde los márgenes te da centralidad. Vos también, compañero de La Garganta, sabés lo que son los medios establecidos. Sos de los tipos que pisó el periodismo como cualquiera, marcando tarjeta y cobrando con recibo a fin de mes.
L.G.P.:
–Sí, y como muchísimos compañeros que hoy por ahí no viven en nuestro barrio, en nuestra villa, pero llevan al periodismo en ese mismo sentido, en esto que nos pasó con el asesinato de Kevin y con la invisibilización de todo el arco mediático empresarial. Una de las buenas noticias en esa lucha y en ese dolor fue habernos encontrado con el Colectivo de Trabajadores de Prensa, que está conformado por un montón de trabajadores de distintos medios que se pusieron a disposición para difundir, desde sus herramientas personales, redes sociales y demás, hasta las discusiones y las luchas diarias dentro de lo que cada uno trabajan.
–La revista Crisis, que tiene un director que es Mario Santucho, de alguna manera también es un colectivo. Diego, vos llevás mucho tiempo en el periodismo...
D.G.:
–Sí, somos una especie de colectivo, tenemos un espacio para discutir un poco las tapas. Yo hice una beca, esa pasantía que se hacía en Clarín hace ya muchos años. Me tocó estar cuando Ernestina Herrera de Noble estaba presa, ese verano, y allí, durante esos meses, conocí un poco lo que era Clarín y después seguí laburando en relación de dependencia. Después me fui, volví, saltando un poco.
–Estamos hablando de la relación entre política, comunicación y el rol del periodista, no el rol de los medios, porque se ha hablado mucho del rol de los medios, y el otro día yo estaba en un programa con periodistas de medios del establishment, por decirlo así, y cuando salimos los tres coincidimos en una cosas: nos llaman para hablar de cosas que son de los dueños de los medios, porque la ley de medios regula la actividad de quienes son titular de licencias, dueños de medios y accionistas de medios.
D.G.:
–Si hay algo que tiene que ver después con esa diferencia tan clara que hay cuando vos laburás en un medio entre el que es un trabajador del medio y el que es el dueño, hay una escalera muy larga para llegar de un extremo al otro. Y por ahí, en el fervor de la política, de la discusión de lo que uno lee, eso es difícil de ver. Bueno, esto lo escribe tal en Clarín, tal en Página/12, tal en La Nación, tal en Tiempo Argentino, donde sea, pero sin poder distinguir algo básico, que es la propiedad privada, la relación de capital y trabajo. Eso me parece que es, de alguna manera, lo que decía el compañero de La Garganta: el Colectivo de Prensa es uno de los ámbitos que trata de ponerlo sobre la mesa en uno de los editoriales que nosotros hacíamos sobre el periodismo, jugábamos un poco con esa idea. Somos la mayoría que no gobierna, somos mayoría pero no gobernamos, esa idea de que por abajo hay una subjetividad que tiene que ver con los periodistas como laburantes.
–Hace un rato el compañero de La Garganta hablaba de la invisibilizacion. Precisamente, estos medios de comunicación son los que ayudan a hacer visibles determinados conflictos con crónicas, con denuncias, con datos concretos. Lo que quisiera que ustedes cuenten es cuántas veces el hecho de publicar artículos, que no solamente se da en la edición gráfica sino también en la edición virtual, ayuda a esos pequeños colectivos sumergidos a que las instituciones tengan que hacerse cargo porque si no de otra manera no aparecerían...
S.C.:
–Y eso ayuda, en cantidad de casos. Es infinita la cantidad de casos en que el hecho de que se conozca una determinada situación ayuda, pero yo no pongo el centro en los medios. Incluso, para mí, lo importante que está ocurriendo en esta época, de lo cual los medios son una expresión, es otra cosa, que es aquellos lugares en los que los vecinos, las personas, los grupos sociales y demás deciden dejar de ser espectadores, como vos describías recién sobre los periodistas que están ahí, pobrecitos, esperando la redacción con aire acondicionado, esperando las órdenes que les dan y son víctimas de las cosas. Yo lo que creo es que hoy en día hay un cambio cultural en ese sentido. Para decirlo en nuestra vieja jerga: un cambio político que es la gente que dice “basta”, en el caso de La Garganta Poderosa es una organización barrial que de golpe dijo “basta” al tema de la violencia institucional. Entonces, lo que digo es que Mu va a hacer notas, pero el corazón del asunto está en que eso sea inspirador. No paraLa Garganta, que ya se inspiró para hacerlo, sino también para otras organizaciones, otros barrios, gente que está peleando con respecto a temas de derechos humanos, con respecto a temas de minería y, sobre todo, con una sensación de saber qué se gana con esas cuestiones. Hoy tenemos 420 genocidas condenados, es un proceso histórico que no sé si nos damos cuenta de que está pasando. Dentro de 30 años se va a escribir sobre estos días, pero eso está ocurriendo y es gracias a la lucha de organismos de derechos humanos que la han peleado en soledad, como vos decías, pequeños grupos invisibles. Sin embargo, están esos pequeños grupos invisibles, esos gatos locos que andan peleando por causas que parecen perdidas. Fijémonos los efectos que van teniendo. Allí está Loncopué, donde se frenó a la minería; en Famatina se frenó a la minería; referéndum y plebiscito en Esquel para frenar también el tema minero; en Quilmes están parando a Techint, que es una multinacional, la más grande de Argentina; La Garganta, que está planteando que los vecinos no quieren violencia institucional. Y muchos fenómenos culturales. Fijémonos la cantidad de cosas que están ocurriendo, de las cuales en todo caso las revistas son parte integrante y no tienen que tener un rol protagónico, no es forma de decir “gracias a que el periodismo hace algo es que las cosas existen”, sino al revés: por suerte empieza a haber un periodismo que empieza a ver cosas que están existiendo en la sociedad.
L.G.P.: –Está buenísimo eso, firmo todo lo que dijo Sergio, y agrego por ahí a la pregunta inicial que vos hacías de cuánto ayuda a grupos que tal vez están invisibles o a causas que tal vez están invisibles. A nosotros, nuestro propio medio nos sirvió para el propio grupo, la propia causa, las poderosas villeras que existimos desde ya hace diez años, cuando para el 90% de la gente existimos sólo hace tres. Hoy, para la sociedad, somos un medio de comunicación, porque La Garganta y la participación de personajes de la cultura popular y la posibilidad de autogestionar nuestros propios medios nos permitió hacer visibles un montón de cosas que pasaban en nuestros barrios y un montón de causas que históricamente tal vez eran igual que ahora, pero ni siquiera se podían poner en discusión. A nosotros nos mataron a otro Kevin en 2009, y yo creo que si lo buscás en Google ni siquiera vas a encontrar el caso. Ni hablar de lo que pasó en la Justicia con ese caso, y lo que pasó con este Kevin nos permitió tomar conciencia en un barrio como Zabaleta, donde no cambió la infraestructura, no cambiaron las cloacas, no cambió el servicio de ambulancias. Sí cambió nuestra posibilidad de hacer de nuestra agenda un tema de discusión para que tal vez pueda, eventualmente, ser una solución. Y aunque parezca algo chiquito, abstracto, para nosotros ese cambio fue cuperlativo.
–Cuando él decía nos mataron otro Kevin es porque en el año 2009 murió otro Kevin, se hizo una plaza, un espacio dentro del barrio que se llama Kevin y da la espantosa coincidencia de que el otro chico que muere también se llama Kevin, con lo cual este recordatorio que se hizo a Kevin se hizo en la plaza Kevin. Esto alude también al uso del espacio público, porque la necesidad de encontrarse, congregarse, de tener una hamaca, de tener un subibaja, lo necesita el pibe de Recoleta y lo necesita el pibe de Zabaleta.
S.C.:
–Y quiero subrayar algo más: en el caso de la plaza, la hicieron los vecinos. O sea, yo te planteaba esta idea de gente que dice “basta” pero al decir “basta” empieza a proponer algo diferente. Vos te encontrás por ejemplo con Monsanto: están frenando a Monsanto en Córdoba, a la planta que quieren instalar allí. Pero los vecinos que están haciendo eso, además están haciendo algo de salud pública, porque ahí se mueren los chicos intoxicados y a la vez están haciendo algo de democracia, porque hacen asambleas y a la vez están mostrando cómo podría haber modelos productivos distintos. En Zabaleta están mostrando cómo puede haber modelos de convivencia diferentes.
–Vos sabés que Monsanto, por acuerdo entre directivos de la empresa y el Gobierno Nacional, decidió establecer dos plantas en Córdoba, una en una localidad que se llama Malvinas Argentinas y la otra en Río Cuarto. Ahora, ¿con qué se encontraron? Con que en la Universidad de Río Cuarto, donde llegó a rector un matemático, no un agrónomo, no un tipo colonizado por el complejo sojero, un tipo que fue además agremiado como docente, llegó, reunió al Consejo Superior y dijo “señores, vamos a discutir Monsanto”, y se discutió Monsanto. Y hoy Monsanto tiene una piedra en el zapato que se llama Universidad de Río Cuarto. No es poco.
L.G.P.:
–Y tienen también toda una estrategia para influir en los medios, ¿no? Así como la tiene La Alumbrera y la tienen otras mineras importantes, tienen una estrategia de llamar a los periodistas y mostrarles sus carpetas. Unas carpetas que incluyen, por supuesto, su visión del problema, pero también una especie de trabajo de inteligencia que hacen Monsanto y La Alumbrera sobre las actividades de las organizaciones sociales, de las asambleas autoconvocadas, de los grupos que se organizan para luchar contra el fracking, contra la minería, contra las semillas transgénicas. Todo eso también está pasando, lo hace cualquier grupo privado. Cualquier empresa hace inteligencia y estas multinacionales también lo hacen. Muchas veces te encontrás como periodista con que te pueden llamar para decirte “¿usted sabe quién financia estas organizaciones?”. Bueno, eso pasa también a nivel de los grandes medios de comunicación, ¿no? La otra vez me llamaban de una radio de Esquel justamente por una nota que yo había hecho sobre el tema del fracking. Cuando hacés una nota en un medio que lo lee mucha gente, te lee también la asamblea de Esquel y te lee la empresa, por supuesto, con una reacción antagónica.

Fuente: Miradas al Sur.

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