Lo que todos los educadores tendrían que leer.

Parte del libro El Elemento de Ken Robinson y Lou Aronica.

Educación elemental
 
El tema fundamental de este libro es que nos urge hacer un uso más completo de nuestros recursos naturales. Algo imprescindible para alcanzar nuestro bienestar y la salud de nuestra comunidad. Se supone que la educación es el proceso que desarrolla todos los recursos. Pero, por todas las razones que he expuesto, a menudo no lo es. Muchas de las personas de las que he hablado en este libro afirman que durante su escolarización no descubrieron realmente sus verdaderos talentos. No es una exageración decir que muchas de ellas no hallaron sus verdaderas habilidades hasta que dejaron el colegio: hasta que superaron la educación recibida. Como dije al principio, no creo que los profesores sean la causa del problema. Se trata de un problema común a la naturaleza de nuestros sistemas educativos. De hecho, los verdaderos desafíos a los que se enfrenta la educación solo se solucionarán confiriendo el poder a los profesores creativos y entusiastas y estimulando la imaginación y la motivación de los alumnos.
Las ideas y los principios fundamentales del Elemento tienen consecuencias para cada una de las áreas educativas. El plan de estudios de la educación del siglo XXI debe transformarse radicalmente. He descrito la inteligencia como diversa, dinámica y singular. He aquí lo que esto significa para la educación. Primero, tenemos que suprimir la actual jerarquía de las asignaturas. Dar mayor importancia a unas asignaturas que a otras solo consolida los anacrónicos supuestos del industrialismo y ofende el principio de diversidad. Demasiados estudiantes pasan por una educación en la que se marginan o desatienden sus talentos naturales. El arte, las ciencias, las humanidades, la educación física, las lenguas y las matemáticas tienen idénticas y centrales contribuciones que hacer en la educación de un alumno.
Segundo, tenemos que cuestionar la idea de las «asignaturas». Durante generaciones hemos fomentado la creencia de que el arte, las ciencias, las humanidades y el resto son totalmente diferentes entre sí. Pero la verdad es que tienen mucho en común. Hay mucha técnica y objetividad en el arte, de la misma forma que hay pasión e intuición en las ciencias. El concepto de asignaturas separadas que no tienen nada en común falta al principio de dinamismo.
Los sistemas escolares no deben basar sus planes de estudio en la idea de asignaturas distintas y separadas entre sí, sino en la idea mucho más fértil de disciplinas. Las matemáticas, por ejemplo, no son solo un conjunto de información que se tiene que aprender, sino un esquema complejo de ideas, habilidades prácticas y conceptos. Es una disciplina, o más bien un conjunto de disciplinas. Y lo mismo puede decirse del teatro, el arte, la tecnología, etc. El concepto de disciplina posibilita un plan de estudios fluido y dinámico que sea interdisciplinario.
Tercero, el plan de estudios tiene que ser personalizado. El aprendizaje acontece en la mente y el alma de los individuos, no en las bases de datos de exámenes tipo test. Dudo que haya muchos niños que salten de la cama por la mañana preguntándose qué pueden hacer para mejorar su calificación en lectura. El aprendizaje es un proceso personal, sobre todo si nos interesa acercar a la gente al Elemento. Los procesos educativos actuales no tienen en cuenta los estilos individuales de aprendizaje ni el talento. De ese modo, ofenden el principo de individualidad.
Muchas de las personas cuyas historias he contado en este libro estarían de acuerdo con todo esto. Para ellos, la liberación llegó cuando encontraron aquello que les apasionaba y pudieron dedicarse a ello. Como dice Don Lipski: «Lo principal es animar a los niños a que sigan cualquier cosa que los entusiasme. Cuando me interesé por la magia, recibí gran estímulo y apoyo. Me dediqué a la magia de la misma forma que ahora hago trabajos de arte. Un niño puede estar obsesionado con el béisbol, no lo practique y sepa todas las estadísticas de los jugadores y quién tendría que ser vendido a qué equipo. Tal vez parezca algo inútil, pero a lo mejor ese niño acabará siendo el presidente de un equipo de béisbol. Si un niño es el único de la clase aficionado a la ópera, se le tendría que dar validez y estímulo. Sirva para lo que sirva, el entusiasmo es el aspecto principal que debe desarrollarse».
El Elemento tiene consecuencias para la enseñanza. Demasiados movimientos de reforma educativos están diseñados para que la educación esté a prueba de profesores. Los sistemas de mayor éxito del mundo toman la posición contraria. Invierten en profesores. La razón de ello es que las personas tienen más éxito cuando hay otras que entienden sus talentos, desafíos y habilidades. Este es el motivo por el que la tutela es una fuerza tan útil en la vida de tantas personas. Los grandes profesores siempre han entendido que su verdadero papel no es enseñar una asignatura, sino instruir a los alumnos. La tutela y el entrenamiento son el pulso vital de un sistema educativo vivo.
El Elemento tiene consecuencias en las evaluaciones. La cultura y las pruebas estandarizadas están estrangulando constantemente a la educación. La ironía es que estas pruebas no están aumentando los estándares excepto en algunas zonas muy determinadas y a costa de lo que en realidad más importa en educación.
Para tener un poco de perspectiva, comparemos los procesos de control de calidad en educación con los de un campo totalmente distinto: la restauración. Este negocio tiene dos modelos distintos de control de calidad. El primero es el modelo de comida rápida. En este, la calidad de la comida está garantizada porque todo está estandarizado. Las cadenas de comida rápida especifican exactamente de qué se compone el menú de todas sus tiendas de distribución. Especifican qué tiene que haber en las hamburguesas o en los nuggets, el tipo de aceite en el que tienen que freírse, el panecillo en el que tienen que servirse, cómo se tienen que hacer las patatas fritas, lo que tiene que haber en las bebidas, y exactamente cómo tienen que servirse. Especifican la decoración del espacio y cómo se tiene que vestir el personal. Todo está estandarizado. A menudo todo es horrible y a fin de cuentas malo para ti. Muchas clases de comida rápida están contribuyendo a la extensión generalizada de la obesidad y de la diabetes en todo el mundo. Pero por lo menos la calidad está garantizada.
El otro modelo de control de calidad en el mundo de la restauración es la guía Michelin. En este modelo, las guías establecen un sistema de criterios específicos de excelencia, pero no explican con todo detalle cómo los restaurantes tienen que cumplir esos criterios. No dicen qué tiene que haber en el menú, cómo tiene que ir vestido el personal, o cómo tienen que estar decorados los locales. Todo eso lo elige cada restaurante. Las guías solo establecen los criterios, y depende de cada restaurante cumplirlos de la forma que consideren mejor. Luego se los juzga no según estándares impersonales, sino según la valoración de expertos que saben qué buscan y cómo es en realidad un gran restaurante. El resultado es que todos los restaurantes de la guía Michelin son fantásticos. Y todos son únicos y diferentes entre sí.
Uno de los problemas esenciales de la educación es que la mayoría de los países someten a sus colegios al modelo de control de calidad de las cadenas de comida rápida cuando, en lugar de eso, deberían adoptar el modelo Michelin. El futuro de la educación no está en estandarizar sino en personalizar; no en promover el pensamiento grupal y la «despersonalización», sino en cultivar la verdadera profundidad y el dinamismo de las habilidades humanas de todo tipo. En el futuro, la educación tiene que ser Elemental.
Los ejemplos que acabo de exponer indican el camino hacia la clase de educación que necesitamos en el siglo XXI. Algunos se fundamentan en principios que los visionarios académicos llevan promoviendo desde hace generaciones: principios a menudo considerados excéntricos, incluso heréticos. Y así eran entonces. La forma de ver las cosas de esos visionarios iba por delante de su tiempo (de ahí que los describa como visionarios). Pero el momento oportuno ha llegado. Si vamos a tomarnos en serio la transformación de la educación, tenemos que entender la época en la que vivimos y seguir la nueva corriente. Podemos nadar en ella hacia el futuro o hundirnos de vuelta al pasado.
Los riesgos difícilmente podrían ser mayores para la educación y para todos los que pasan por ella.

 

Acá les dejo la charla que dio en TED http://youtu.be/ulb8u9ocLVY

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