LOS NÚMEROS DE DUJOVNE VS LOS NÚMEROS DE ARGENTINA

 

Por Mucho Más Que Dos |

LOS NÚMEROS DE DUJOVNE VS LOS NÚMEROS DE ARGENTINA

Por Fernanda Vallejos

Leo una nota en La Nación donde el ministro de economía de mi país, el ex columnista del grupo Clarín, Nicolás Dujovne, sostiene, entre varias otras cosas, que “en la Argentina la recesión ha terminado”. Me pregunto si durante las vacaciones de los editores de MUCHO MÁS QUE DOS, nos perdimos de un sorpresivo giro copernicano en las tendencias fundamentales de la economía. Así que me propongo, siguiendo las preguntas a las que responde el ministro, ir a las fuentes para corroborar tanto entusiasmo ministerial y volver a responderlas, desde mi propio prisma. Veamos.

-¿En qué momento arrancará la economía?

-Viendo las políticas que se han adoptado y las que se plantean seguir adoptando, a la luz de los previsiblemente dramáticos resultados obtenidos, parece difícil señalar un momento de arranque. Para empezar hay que decir que los datos del último trimestre de 2016 aun no han sido publicados por el INDEC. Durante los trimestres anteriores lo que observamos es un persistente deterioro en el nivel de actividad (0,6% en el primer trimestre, -3,7% en el segundo y -3,8% en el tercero). Contamos, en cambio, con los datos del EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica), que no arroja datos más alentadores. Para el caso de los últimos tres meses la caída es de -4,4%, -1,4% y -0,1% (octubre, noviembre y diciembre, respectivamente), lo que dio para el acumulado de todo 2016 una caída de -2,3%. En síntesis: la economía está, lamentablemente, en plena recesión, siempre medido en términos interanuales, que es como debe medirse. El deterioro comenzó en el último trimestre de 2015, en que asumió la nueva gestión que arrastró, desde antes de asumir, además, los impactos negativos de una devaluación pre-anunciada. Por caso, las evoluciones sectoriales corroboran el derrotero de la economía: en octubre, noviembre y diciembre, la industria se desplomó -4,9%, -4,9 y -4,6%, respectivamente, siendo los meses de mayor caída en todo 2016. Lo mismo se observa en el caso de la construcción, que se contrajo severamente: -13,5%, -13,1% y -12,7%, en esos mismos tres meses respectivamente.  

-En 2016 se hablaba también de una mejora a partir de determinados datos, como los despachos de cemento, que luego retrocedieron. ¿Qué hace que ahora sea una tendencia y no algo que pueda cambiar el próximo mes?

No se observan datos objetivos que permitan afirmar que hay una mejora. Por ejemplo, en el caso de la construcción, donde el INDEC ya publicó el indicador de enero, observamos una caída de -2,4% en relación con enero de 2016, cuando había habido una caída de -2,5% en relación con enero de 2015. Igualmente contractiva resulta la evolución de la industria en el primer mes de 2017, con una caída en su tasa de actividad de -1,1%, según las propias estadísticas oficiales (un enero peor que el de 2016 que, según el INDEC, habría sido el último mes de crecimiento de la industria con un 1,2%, para iniciar su serie recesiva, por ahora ininterrumpida). De acuerdo con los números publicados por CAME, las ventas minoristas (que hablan de la salud del consumo) cayeron -2,5% en enero de 2017.

-¿Brasil va a crecer más este año?

En todo caso, podría ser que caiga menos o que muestre (con viento a favor) una leve recuperación “estadística”, dada la dramática recesión en la que se encuentra sumida esa economía que ya había caído -3,8% en 2015 y que, según el FMI, habría cerrado 2016 con otra abrupta caída de -3,5%. Partiendo de esa famélica base, el FMI estima una “recuperación” o estancamiento para 2017 de 0,8%, cosa que hay que tomar con pinzas dado que en todos los años anteriores las previsiones de crecimiento arrojadas a principios de año fueron sucesivamente corregidas a la baja, conforme avanzaron los meses. Un fenómeno parecido podría pensarse que espera el gobierno argentino, que parte de un piso bajísimo, de profunda recesión durante 2016, aunque esas expectativas están lejos, al día de hoy, de poder confirmarse en base a los datos duros que ofrece la realidad económica.

-¿Qué pasará con la inversión?

Es difícil, con la información disponible y las políticas oficiales, avisorar repuntes por el lado de la inversión. Hay que tener presente que se trata de una variable que se encuentra determinada por la demanda efectiva, por el consumo que explica alrededor del 70% de nuestro PBI. Este año arrancamos con datos muy desfavorables en lo que tiene que ver con el consumo. La inflación anual del mes de enero, de acuerdo con el instituto estadístico del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, fue del 38%, y no hay ningún consultor -aún entre los afines al gobierno- ni actores económicos que esperen una inflación menor al 25% para 2017. Mientras tanto el gobierno se muestra empecinado en no reabrir las paritarias libres y sigue con la política del año pasado de pisar las paritarias, este año con un tope de 17%, es decir 7 puntos porcentuales por debajo de las estimaciones más optimistas en materia de inflación.  A esto hay que sumar una fuerte pérdida de capacidad adquisitiva que ya se sufrió en 2016, con los resultados por todos conocidos y que concluyeron en la profunda recesión de la que hablábamos antes. El año pasado cerró con inflación anual de 41%, cuando las paritarias promediaron el 30%, es decir 11 puntos por debajo de la inflación, medida por el gobierno porteño de Cambiemos. Son pésimas noticias para el consumo y, por ende, para la inversión que, en 2016, se contrajo -3,8% en el tercer trimestre, -4,9% en el segundo trimestre y -3,8% en el primero. El rubro construcciones (y otras construcciones) fue el de mayor caída, al desagregar la inversión, por lo que la performance recesiva de la construcción que persiste en el arranque de 2017 tampoco alienta a pensar en mejoras sobre la inversión por ese lado. 

-¿En qué lo ven concretamente?

Además del indicador de la actividad de la construcción publicado por el INDEC, que sufrió en enero una caída de -2,4%, el índice Construya observó una caída en el mismo mes de -6,9%. Y, de acuerdo a la información suministrada por Pedro Brandi, presidente del Grupo Construya -entidad que reúne a las principales empresas productoras de materiales para la construcción- en una recomendable nota de David Cufré para Página|12, “las ventas en febrero vienen peor que las de enero”. Esto, según explica el experto, se debe a que “la demanda del sector privado sigue sin aparecer. Hay algunos nichos de negocios, sobre todo en lo que se llaman grandes obras, donde intervienen los desarrolladores inmobiliarios con edificios de más de diez pisos, pero el 80% del movimiento general en la construcción se explica por las obras medianas y pequeñas, las refacciones y reparaciones”. Contrariando las expectativas oficiales, Brandi sostiene que “eso depende mucho del poder adquisitivo y del crédito. Si las paritarias no son buenas y no baja la tasa de interés, la recuperación será difícil”. El empleo dentro del sector acompañó durante todo 2016, el brusco cambio de tendencia en el sector, con respecto a 2015, marcando un record histórico negativo: “El promedio mensual para todo 2016 fue de 371.249 puestos de trabajo registrados. Este volumen es un 10,3% inferior al verificado en 2015 (413.675) y constituye el menor registro de nuestra serie histórica, ubicándose un 3,4% por debajo del promedio del bienio 2009-2010”, de acuerdo con el Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (Ieric). Representó un quiebre fenomenal en relación con la expansión de 6,5% en la ocupación en el sector durante 2015. 

Como ya se explicó más arriba, por el lado del consumo, con el escenario vigente de inflación y paritarias determinando una nueva caída real de los salarios que se acumula con la de 2016, no se puede esperar nada positivo. Sin consumo, sin inversión y, por supuesto, sin gasto público, cosa que ya anunció el ministro en conferencia de prensa hace pocos días atrás, al señalar que el mismo se mantendrá “constante o decreciente”, lo único que quedan son las exportaciones como potencial motor del crecimiento, pero sería pensamiento mágico asumir que con sólo ese componente de la demanda se pueda recuperar el nivel de actividad. De hecho, el propio FMI, al tiempo que se viene deshaciendo en elogios hacia las políticas de ajuste implementadas por la gestión de Mauricio Macri, parece tomar nota de la situación de la economía argentina, al punto que en su último informe de enero, redujo sus previsiones de crecimiento para el país en 2017, bajándolas desde el 2,7% que estimaba en octubre del año pasado, al 2,2%, actualmente, cuando la recesión aún está firme. 

-El presidente del Banco Central se refirió a que vienen meses delicados en materia de inflación…

No cabe ninguna duda de que la inflación se va a volver a disparar en los próximos meses, debido a los tarifazos implementados por el gobierno en materia de servicios públicos y otros precios (electricidad en febrero, gas en abril, más combustibles, peajes, medicina prepaga, educación privada, etc). El único precio al que la administración Cambiemos apunta a poner un tope, mientras desmanteló todos los ámbitos del Estado que se dedicaban a cuidar los precios de los bienes y servicios que consumen los argentinos, es el salario de los trabajadores, lo cual profundiza la recesión, de la mano con la obsesión por bajar el déficit fiscal que incrementaron en su primer año de gestión que se cristaliza, en realidad, en una reducción del gasto, mientras siguen resignando recursos tributarios dejando de gravar a los sectores de mayor capacidad contributiva (retenciones, impuestos a la riqueza, etc).

-Entonces ¿por qué son tan optimistas?

En parte, el gobierno busca generar expectativas. Lo mismo hizo el año pasado. Recordemos que, en conferencia de prensa, el saliente Prat Gay, afirmó a comienzos de 2016 que la inflación anual sería de 25%. Terminamos con 41%. Son expectativas que, naturalmente, no tienen correlato con la realidad y que, por supuesto, no se verifican, no se cumplen. Por otro lado, es probable que, al haberse producido un retroceso tan grande en 2016 sobre todos los indicadores económicos, una base estadística tan baja, alimente la esperanza oficial, de poder mostrar algún repunte “estadístico”, aunque nos mantengamos a años luz de los números de 2015.

Ni siquiera el FMI cree que el gobierno vaya a cumplir la meta de inflación anunciada por Sturzenegger desde el Banco Central de 17%, y afirma en su último informe que estará por encima del 20%. 

-Tanto Sturzenegger como usted sostienen que no hay atraso cambiario. Varios industriales piensan distinto…

El problema es que se instrumentó una mega devaluación con el pretexto del atraso cambiario y los beneficios que esa medida traería aparejados en materia de exportaciones. Pero la realidad fáctica le vuelve a dar la espalda a la política y la teoría económicas de Cambiemos: las exportaciones de manufacturas de origen industrial cayeron -6,6% en 2016, las de origen agropecuario no tuvieron variación prácticamente (0,2%), las de combustibles y energía cayeron -12,5% y las únicas que crecieron (a la luz de la enorme mejora de rentabilidad operada por la devaluación, por lo que se dejaron de retener stocks, sumado a la quita y reducción de retenciones) fueron las de origen primario (17,7%). En cambio, la liberalización del mercado cambiario, fogoneó la fuga de divisas, con una voracidad de estos actores que evidencian, además, que la confianza de la que se ufana el gobierno, de la mano con las ausentes inversiones, no se ha hecho presente ante el cambio de régimen político y económico. Por cierto, la fuga se más que duplicó durante 2016. 

-El tema de fondo es la competitividad…

La competitividad se puede entender desde distintos lugares. A juzgar por las medidas de gobierno sólo se la observa desde el punto de vista de los precios, es decir del tipo de cambio, lo cual es una mirada falaz y los resultados de la devaluación están expuestos. Y, por otro lado, parece que la otra variable que tienen en cuenta es una reducción de los costos de producción, enfocada exclusivamente en la caída de los salarios reales y en dólares. Amén de otros supuestos “costos” vinculados al trabajo que se buscan reducir, como la ley de ART, es decir, costos que tienen que ver directamente con el valor de la vida de los trabajadores. Sin embargo, el costo social en materia de recesión, aumento de la desocupación, la pobreza y la desigualdad son enormes y los beneficios brillan por su ausencia. Las empresas nacionales, a las que se les dice que tienen que competir, mientras se han abierto indiscriminadamente las importaciones (creció 9,1% en 2016 la importación de bienes de consumo), son víctimas de un combo explosivo si hablamos de competitividad, la devaluación les encareció todos sus insumos importados, la inflación los nacionales y la política del Banco Central que ha elevado a niveles altísimos la tasa de interés las coloca frente a un vector de competitividad (el financiamiento) que dificulta enormemente el panorama.

-Desde la micro hay casos puntuales, como el cierre de dos plantas de Atanor o el anuncio de despidos en Banghó a partir de algunos cambios de reglas. ¿Cuál es su opinión?

Lamentablemente es lo que se puede esperar, tal como lo hemos visto a lo largo de todo el año pasado, como corolario de la política oficial. 

-¿O sea que el impacto macro será positivo?

Es difícil pensar en resultados macro positivos cuando todos los indicadores macroeconómicos son desfavorables y no existe rectificación -por el contrario- en el rumbo económico. Más allá de las expectativas que busca fomentar el gobierno en un año electoral, los datos duros lo contradicen. Y, volviendo a lo micro, las noticias que conocemos todos los días tienen que ver con cierres de fábricas, plantas y comercios, con despidos y suspensiones. No hay una sola noticia que hable de inversiones que vienen a montar una planta nueva o abrir un nuevo negocio, a generar empleo. Todo lo contrario. La producción se sigue de desplomando y el empleo está en la misma sintonía. El último dato publicado (tercer trimestre 2016) habla de la expansión de la desocupación desde 5,9% en 2015 hasta 8,5% en 2016. En enero, de acuerdo con la EIL (encuesta de indicadores laborales) que publica el Ministerio de Trabajo, en se registró una caída de -0,5%. De acuerdo con las estadísticas de la evolución del trabajo asalariado registrado (según cantidad de trabajadores, medido en puestos de trabajo la contracción es mayor) diciembre de 2016 cerró con una caída de -0,7%. Naturalmente, el escenario es más grave dentro del universo de trabajadores informales.

-¿Reducir el déficit es su principal desafío?

El principal desafío de toda política económica debería ser elevar la calidad de vida de las personas, mejorar la justicia distributiva, generando empleo a partir del crecimiento de la economía. No obstante, desde la óptica del gobierno, parece ser que hay dos objetivos: reducir el gasto público, más que el déficit, y reducir los salarios de los trabajadores. Lo cual, obviamente, atenta contra los objetivos antes descritos. Mientras tanto, como el déficit no se reduce porque se han resignado cuantiosos recursos tributarios, se expande la deuda pública para cubrir el agujero fiscal, amén de financiar la fuga de divisas de la economía.

-¿Será de manera gradual?

El término gradual no es término estrictamente técnico, pero podemos suponer que el ajuste no será en 2017 tan brutal como aspiraría el gobierno debido a que se trata de un año electoral. 

-El Presidente tuvo una exitosa gira por España la semana pasada. ¿Cree que esto se va a traducir en mayores inversiones?

Por ahora el presidente tuvo muchas giras y también visitas de primeros mandatarios, incluido el ex presidente norteamericano. Inversiones por ahora, cero. Concesiones, demasiadas. 

-Marzo arranca con medidas de fuerza anunciadas por docentes, movilizaciones de la CGT. ¿Les preocupa un escenario de mayor conflictividad?

Es lógico que 2017 arranque de ese modo. Se expandió la desocupación en más de 2,5 puntos porcentuales y continua el deterioro en el mercado de trabajo en 2017. El gobierno atenta contra las paritarias, tras la enorme caída real de los salarios de 2016. Seguramente le preocupe al gobierno, pero fue él mismo con sus políticas el que los empuja a las calles. Aunque, desde una óptica de marketing político, el oficialismo sostenga que hay razones políticas detrás del paro y la movilización, las acciones están plenamente justificadas por la realidad económica y social. 

-¿A qué se refiere concretamente?

El gobierno critica a los trabajadores, como no podría ser de otra manera. Pero la realidad efectiva es que no tuvo ni tiene una sola política que ofrecerles para no llegar a esa situación. Los trabajadores necesitan que al país le vaya bien, que la economía crezca junto con los salarios, que se genere empleo. Y los objetivos del programa económico del gobierno, a la luz de los hechos, parece apuntar en otra dirección.

-¿Cómo planean resolver la mayor conflictividad?

Ojalá den una muestra de civilidad democrática frente a las consecuencias de sus políticas y no planeen hacerlo con represión. 

Fuente: muchomasquedos.com.ar

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