¿De qué hablamos cuando hablamos de Tolerancia Cero?

rudy_giuliani_mundoevaCosecha Roja-.El modelo que trae Rudolph Giuliani, y que el intendente de Tigre, Sergio Massa propone replicar, se llama Tolerancia Cero. El modelo fue impulsado en 1994 en Nueva York por Giuliani, en ese momento alcalde de la ciudad, y se basó en las siguientes medidas:

*Énfasis en la prevención de crímenes

*Multiplicación de la presencia de policías en las calles

*Restablecimiento del vínculo entre la fuerza y la comunidad

*Prevención y persecución de determinadas contravenciones graves o delitos menores, como pintar graffiti, saltar los molinetes de los subtes o tomar alcohol en la vía pública.

El hombre de Estados Unidos explica que a través estas medidas de penalización bajó el índice criminal el 77% entre 1990 y 2007. Por eso, dice, Nueva York ya es considerada en el mundo un paradigma en la lucha contra el delito urbano. Lo que explica el New York Times desde su editorial es que otras ciudades también bajaron sus índices de criminalidad en los ´90, sin aplicar ese plan.

“Millones de personas fueron arrestadas bajo esta política por delitos menores, como posesión de pequeñas cantidades de marihuana”, explicaba la columna de opinión del New York Times en el 2012. Y sumaba: “los críticos dicen que el hecho de que el 87 % de los arrestados son blancos o latinoamericanos sugiere que la policía selecciona deliberadamente a los ciudadanos de la minoría, lo que los empuja permanentemente a los márgenes de la sociedad”.

Este tipo de medidas estuvieron inspiradas en la teoría de las “ventanas rotas”, del profesor de la Universidad de Harvard James Q. Wilson. La idea es así: si en un edificio abandonado hay una ventana rota y no es arreglada rápidamente, los vecinos apedrearán el resto de las ventanas y, eventualmente, será destruida la propiedad entera.

Según Loïc Wacquant, sociólogo y estudioso de la expansión y las consecuencias de la Tolerancia Cero, el objetivo de ese modelo de seguridad es “calmar el temor de las clases medias y altas mediante el hostigamiento permanente a los pobres en los espacios públicos”.

“La policía debe sancionar todas las infracciones, por más insignificantes que parezcan, porque la sumatoria de esas pequeñas faltas crea un clima de desorden e inseguridad que favorece la irrupción del delito”, explicó el verdadero mentor de esta idea, el ex jefe de policía de Nueva York, William Bratton.

Bratton dirigió una fuerza de 37.000 hombres que “limpiaron” la ciudad. Tras dejar el cargo se transformó en un “embajador” de la Tolerancia Cero, para transmitir su experiencia en distintas ciudades del mundo.

La Tolerancia Cero parte de la premisa, en boca de su creador, de que “la desocupación no está relacionada con el delito; es el mal comportamiento de los individuos y no la consecuencia de condiciones sociales”. Incluso Charles Murray, un politólogo que escribe para el Manhattan Institute, va más allá, ligando el delito al coeficiente intelectual. En sus palabras: uno se convierte en criminal no porque padezca de privaciones materiales en una sociedad no igualitaria, sino porque sufre de carencias mentales y morales.

En el terreno práctico, para Bratton se trata de “recuperar las calles “y terminar rápidamente con el delito “en pequeña escala”, que va desde la prostitución hasta la mendicidad, como forma de evitar los delitos mayores.
Y, como suele suceder, la reforma se completa con un cambio en la política social. Para los teóricos de la Tolerancia Cero, se trata de “impedir que los pobres vivan a costillas nuestras”.

Para Loïc Wacquant, el refuerzo de la vertiente penal del Estado es una respuesta a la generalización de la inseguridad social y no una reacción a las cifras de crímenes. Esto significa que no hace bajar la cantidad de delitos o crímenes, sino que la idea es disminuir la inseguridad social. “La siguiente estadística explica bien la situación: en 1975, EE UU encarceló a 21 personas por cada 10.000 crímenes cometidos, mientras que 30 años más tarde encarceló a 125 personas por cada 10.000 crímenes. Esto significa que el país ha multiplicado por seis las penas, pero no ha reducido los índices de crímenes cometidos”, escribe el sociólogo.

Para dilucidar las nuevas políticas de la marginalidad, propone Wacquant, es imprescindible vincular de nuevo la política penal y la social, en vez de tratarlas como dos ámbitos separados, como suele ocurrir sobre todo en la política.

“En resumen, la criminalización de la pobreza fragmenta a la ciudadanía a lo largo de las diversas estructuras de clase, mina la confianza cívica de las capas más bajas y anticipa la degradación de los principios republicanos”.

Más información sobre la teoría de Loïc Wacquant:

Página oficial del sociólogo. http://loicwacquant.net/

“El matrimonio entre el Workfare y el Prisonfare en el siglo XXI,” Astrolabio, nueva épocha (Cordoba), 9, Winter 2012, pp. 184-205.

http://revistas.unc.edu.ar/index.php/astrolabio/article/view/3174/3020

“Una sociología cívica de la penalidad neoliberal,” prefacio al décimo aniversario de la edición del libro Cárceles de la miseria, Buenos Aires, Manantial, 2010, pp. 179-202; reimpreso como “La tormenta global de la ley y el orden: sobre neoliberalismo y castigo,” en Ignacio González Sánchez (ed.), Teoría social, marginalidad urbana y Estado penal. Aproximaciones al trabajo de Loïc Wacquant, Madrid, Dykinson Impresa, 2011, pp. 203-227.

http://www.academia.edu/2629788/Introduccion_Wacquant_y_la_ciudad_desde_sus_margenes

Fuente: Cosecha Roja.

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