Egipto ante el fantasma de una guerra civil.

Los Hermanos Musulmanes, cuyos partidarios fueron muertos a tiros, llamaron a un levantamiento contra la alianza dirigida por el ejército que depuso a Mursi. Las facciones pro y anti Mursi se acusaron mutuamente de salir a matar.

Los cuerpos de las víctimas yacen en el suelo. Hay por lo menos 51 muertos y más de 440 heridos.

Imagen: AFP

Por Kim Sengupta y Alaistair Beach *

Desde El Cairo

Los cuerpos yacían en el suelo manchado con rastros de sangre. Los tres fueron cubiertos con una manta morada y verde; dos más yacían bajo la bandera egipcia. A los lados de los muertos, un torrente de víctimas era llevado. Parecía que muchos era improbable que sobrevivieran debido a lo serio de sus heridas. La masacre en la mezquita de Rabaa al Adawiya había dejado por lo menos 51 muertos y más de 440 heridos, otro paso brutal en este país, que parece deslizarse inexorablemente hacia el caos. Los Hermanos Musulmanes, cuyos partidarios fueron muertos a tiros, llamaron a un levantamiento contra la alianza dirigida por el ejército, que había depuesto a su hombre, Mohamed Mursi, de la presidencia.

Al mismo tiempo, el movimiento islamista advirtió a la comunidad internacional que Egipto se convertiría en la nueva Siria si no se tomaba una acción para detener los ataques a la gente. Los manifestantes afirmaron que entre los muertos hay cinco niños, uno de ellos de apenas seis meses de vida. Esto no fue verificado por las autoridades, pero muchas familias que estuvieron presentes en las protestas estaban todavía entre la multitud después de los disparos de ayer y se reunieron bajo los árboles.

Las muertes desataron una inmediata reacción política. El partido conservador religioso Al Nour, que había apoyado la acción militar contra Mursi, anunció que no tomará parte en las conversaciones para nombrar, un primer ministro interino. El Gran Mufti de la universidad de Al Azhar, la más alta autoridad en el Islam sunnita y uno de los que avalaron la hoja de ruta del ejército para el futuro de Egipto, advirtió sobre una guerra civil y declaró que iba a recluirse hasta que el baño de sangre llegara a su fin. Las facciones pro y anti Mursi se acusaron mutuamente de haber salido a matar. Sin embargo, hay evidencia de que algunos de los muertos y heridos fueron atacados cuando todavía estaban haciendo sus oraciones de la madrugada, de rodillas, dándole la espalda a la dirección de donde vinieron los disparos.

Habían estado acampando a la noche afuera de los cuarteles de la Guardia Presidencial, donde se cree que está detenido Mursi, prometiendo liberarlo. El ejército afirma que disparó en defensa propia, después de estar bajo fuego de un grupo de terroristas. El vocero de Ahmed Ali afirmó que un soldado y un policía habían muerto y sostenía que la tropa había actuado con sabiduría y paciencia. “Nos estamos dirigiendo hacia un verdadero Estado civil democrático admirable para el mundo”, añadió.

La televisión estatal mostraba imágenes de una multitud islámica tirándoles piedras a los soldados. La imagen mostraba a jóvenes que aparecían detrás de una pared para lanzar bombas de petróleo, mientras que se veía a un grupo de hombres usando armas de fuego caseras. Era, sin embargo, incierto dónde y cuándo había tenido lugar la filmación. La Hermandad Musulmana insistió en que los disparos no fueron provocados y que sus partidarios se habían comportado pacíficamente durante la actual crisis. Sin embargo, los seguidores de la Hermandad estuvieron involucrados en choques con las fuerzas de seguridad y con opositores el viernes pasado, cuando cuatro personas murieron.

Veinte personas entrevistadas en la escenas de los disparos, incluyendo media docena de hombres que resultaron heridos, negaron que los manifestantes hubieran utilizado armas de fuego. Mientras dos admitieron tirar piedras, sus relatos, por separado, presentan una imagen de un período de relativa calma de pronto sacudido a media luz. Alrededor de las cuatro de la madrugada, latas con gas lacrimógeno comenzaron a aterrizar a su alrededor, seguidas por rondas de disparos y luego balas.

Adly Mansour, el presidente interino del país, expresó su profundo pesar y prometió una investigación judicial sobre las muertes. Mohamed El Baradei, el ex jefe de la Agencia Atómica Internacional que había apoyado la destitución de Mursi y que se espera que sea primer ministro, también pidió una investigación. Aun si el ejército se hubiera enfrentado a disparos y bombas de petróleo, una investigación objetiva será necesaria para saber si la escala y la ferocidad de la respuesta eran justificadas. “Esto es lo menos que podemos hacer”, dijo Amir el-Gabar, de 30 años, que recibió un disparo en la parte de atrás de su hombro. “Soy un médico, no un terrorista. Nunca disparé un tiro en mi vida y esto es lo que me ocurrió a mí. No voy a decir que no hubiera problemas en otra parte de la manifestación porque no lo sé. Pero no había problemas donde estábamos nosotros. Estábamos diciendo nuestras primeras oraciones cuando comenzaron los disparos y yo me caí con la cara al suelo. Traté de ayudar luego a otros, pero realmente no podía mover mi brazo.”

Saleh Akef, de 22 años, que estaba en la manifestación con su hermano Abdulaziz, de 18 años, recordó que el imán que dirigía las plegarias tartamudeó en shock cuando comenzó a desparramarse el gas lacrimógeno. “No podíamos ver, nos estábamos ahogando. Traté de encontrar a mi hermano y vi a un soldado con una rodilla en el suelo apuntándome. Disparó y me golpeó.” La bala entró en su hombro derecho. “Sé que varios niños resultaron heridos. No sé por qué hicieron esto, pero fue deliberado. Al final movieron el alambre de púas para acercarse para disparar. Les estábamos tirando piedras, pero sólo para tratar de mantenerlos alejados.”

Hazem Mamdouh reconoció que las piedras fueron arrojadas después de la ronda inicial de gas lacrimógeno, pero negó vehementemente que los manifestantes hubieran usado armas. “Los medios están diciendo que somos terroristas. Dicen que les disparamos a ellos, mientras estábamos orando de espaldas a ellos. Después de que comenzaron los disparos, nos empujaron hacia la calle Tairan, a todos los hombres, mujeres y niños. Cada cinco minutos parecía que mataban a alguien. Nunca he visto algo así, ni aun durante la primera revolución, de enero de 2011. Ni siquiera las tropas de Hosni Mubarak hubieran hecho esto.”

Pero la simpatía por los islamistas era poca entre sus opositores. Samir Abbas, quien ha estado entre miles de manifestantes anti Mursi reunidos en la plaza Tahrir en los días recientes, dijo: “La Hermandad Musulmana estaba en el poder hasta la última semana y no dudaron en usar la policía para atacar las manifestaciones en su contra. Los matones de la Hermandad Musulmana golpeaban a los opositores todo el tiempo. No creo ni por un minuto que no hicieran nada y el ejército recién abrió fuego. Sabemos cómo pueden ser de turbios”.

La actual polarización dentro de la sociedad egipcia también fue reflejada en una conferencia de prensa dada por las fuerzas de seguridad, durante la cual los periodistas locales exigieron la exclusión del corresponsal de Al Jazeera. Se dice que la cadena de televisión con base en Qatar cerró filas con la Hermandad Musulmana. Algunos de los periodistas aplaudieron más tarde a los voceros de la policía y del ejército. El ejército ofreció a los manifestantes restantes la posibilidad de retirarse de Rabaa al Adawiya y declararon que ninguno que cumpliera con la ley sería buscado.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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