Barack Obama decidió abandonar Afganistán por escándalos de corrupción.

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Ante un país y una clase política agotados por 10 años de guerra en Afganistán, Barack Obama anunció un plan de retirada que podría incluir una aceleración del ritmo propuesto por el Pentágono. Pese a que la situación no está aún estabilizada y la amenaza del resurgimiento de los talibanes sigue existiendo, el presidente parece inclinado a reducir los plazos para la salida de las tropas tras la desaparición de Osama bin Laden y ante múltiples evidencias de que es difícil hacer más progresos en ese país.

El presidente Barack Obama afirmó que "empezando el mes que viene y hasta finales de año podremos retirar a 10 mil de nuestros soldados de Afganistán. Para el siguiente verano habremos repatriado a 33 mil".

Obama hablaba así en un discurso a la nación desde la Casa Blanca para explicar el calendario de salida de Afganistán, donde en la actualidad se encuentran desplegados 100 mil soldados estadounidenses.

"Este es el comienzo, no el final, de nuestro esfuerzo para acabar esta guerra", afirmó el presidente, quien en diciembre de 2009 ya había prometido que la retirada de Afganistán comenzaría en julio de 2011.

En el Congreso, tanto progresistas como conservadores se han pronunciado recientemente a favor de poner fin a esa guerra cuanto antes. Veintisiete senadores de los dos principales partidos enviaron la semana pasada una carta a Obama en la que solicitaban una retirada mucho más rápida de lo previsto. Funcionarios militares clave, sin embargo, dejaron en claro que tienen serias diferencias con el presidente.

La frustración de los norteamericanos con esa guerra no tiene que ver únicamente con su coste y la falta de progresos militares, sino también con la actuación del Gobierno de Hamid Karzai, que se ha resistido a poner freno a la corrupción y se ha ido distanciando de la misión militar hasta llegar a llamar a las tropas de la OTAN "fuerzas de ocupación".

Los 33 mil militares representan los refuerzos desplegados a lo largo del año pasado para detener el avance talibán, impedir que Afganistán volviera a convertirse en un santuario para Al Qaeda y acelerar la formación de las tropas afganas, objetivos que el gobierno estadounidense considera cumplidos.

Magaly Aguilera

 

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