Las Leonas dormían, pero el estruendo de las tribunas las despabiló y rugieron
Eugenio Martínez RuhlPor Eugenio Martínez Ruhl
ESPNdeportes.com
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ROSARIO -- Un extraño estruendo surca el estadio mundialista de hockey de Rosario. El partido entre Argentina y Sudáfrica, por la primera fecha del Mundial, está empatado 1-1 y no pasa gran cosa. Pero el sonido en cuestión desvía la atención. Se parece al que hace un avión cuando pasa relativamente cerca de nuestras cabezas. Al observar con más detenimiento, se descubre que no viene del cielo, viene del suelo. El repiqueteo es producido por cientos de talones de la gente del público que chocan todos juntos contra las tablas que sostienen la tribuna más poblada de la cancha.

Leonas

DyNLas Leonas hicieron vibrar a Rosario en el debut

En el césped sintético, mientras, Las Leonas luchan con su impotencia y sus nervios por el debut; Sudáfrica pelea para que todo siga así. Finalizado el primer tiempo, las del continente africano están logrando su meta. Empatan 1-1 con las locales y candidatas.

El entretiempo se extingue y vuelven los equipos a la cancha. Antes del silbatazo inicial de la segunda etapa, vuelve el estruendo. Ahora es más fuerte. Ahora se amplía a todas las tribunas, que son cuatro. Ahora, más que al de un avión, se parece al de un tren avanzando a toda marcha.

El cambio lo hace más poderoso. Tanto, que repercute en Las Leonas. Ellas lo escuchan y se contagian del tren. Entonces son ellas las que avanzan como ese ferrocarril que crearon las tribunas. Son ellas de nuevo. Se acabó el miedo, el nervio. Avanzan. Y en cuatro minutos logran lo que no pudieron en toda la etapa inicial. En cuatro minutos, a través de Luciana Aymar por partida doble -su segundo tanto es compartido con Carla Rebecchi, que parece empujar la bocha a la red pese a que la organización se lo adjudica a la estrella del equipo- desnivelan el marcador y ponen las cosas en su lugar.

Como un tren.

Todo cambió. Argentina domina. Ya los músculos están menos tensos. Y Lucha Aymar mantiene el ritmo deslumbrante de ese comienzo de la segunda etapa. Se desata tras sus goles. Y la gente enloquece. Es, lejos, la primera en el aplausómetro. Es así cuando los equipos salen a la cancha. Es así cuando gambetea rivales y es así cada vez que el público lo quiere.

Ella, con sus botines fucsia, responde con genialidades en todas las ocasiones. Todo vuelve a las vías esperadas. Después del paso del tren, Argentina se hace dueña del trámite, Lucha Aymar convierte cerca del final un tanto más, como para terminar con las dudas y redondear una actuación histórica.

Igual, Sudáfrica no se rinde, y por momentos hay ida y vuelta. A tal punto que Vida Ryan descuenta y deja el marcador 4-2.

Un ritmo parecido al que se ve por esos momentos en el sintético es el que le ponen desde afuera, en la tribuna más cercana a la calle Mendoza, un puñado de varones que batallan contra el viento frío que recorre el estadio a puro bombo y redoblante.

Ellos, los hombres, son minoría en todo sentido, ya que el tono dominante de todos los cantitos es femenino. Entonces, inteligentes, ellos no cantan. Le dan a los instrumentos.

Más fuerte le pegan cuando, a falta de dos minutos para el final, Mariné Russo convierte el quinto gol del equipo y elimina cualquier resto de duda que pudiera quedar. El bum, bum, bum sigue retumbando, orgulloso.

Eugenio Martínez Ruhl es editor de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.

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