“Luciano Arruga fue la gota que rebalsó la gorra”

 

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Cosecha Roja.-

A Ezequiel lo hicieron ahogar en el barro podrido del Riachuelo. A Jonathan y Brian les dispararon arriba de un auto. A Ramón un gendarme le dio un tiro en la cabeza por defender a otro pibe. A Luciano lo habían amenazado y golpeado. Apareció, 6 años después, como NN en Chacarita. A Mariano y a Darío los fusilaron por la espalda. A Kiki lo asesinó un policía que lo acusó de querer robarle el auto.

“No somos peligrosos, estamos en peligro”, fue parte de la consigna de la Marcha Nacional de la Gorra que empezó a las 11 en la Central de la Policía Federal Argentina -Belgrano y Virrey Cevallos- y que irá hasta jefatura de la Bonaerense -2 y 53 en La Plata-. “Unimos las dos en caravana porque creemos que las agencias policiales son un brazo más del delito”, dijo a Cosecha Roja Leonardo Rebolino, coordinador de la Campaña contra la Violencia Institucional.

Cuando las más de 500 personas que se movilizaron pasaron frente a la Central, le dejaron a los policías gorras blancas que decían “Ni un pibe más” y gritaron “¡los pobres también tenemos derechos!”. La frase la dijo el viernes Vanesa Orieta -hermana de Luciano Arruga- en la conferencia de prensa en la que anunciaron el hallazgo del cuerpo. Lo habían buscado cinco años y ocho meses. Habían ido a comisarías y hospitales. Habían golpeado puertas y habían organizado marchas. Lo encontraron cuando les aceptaron el recurso de habeas corpus y todos los estamentos del Estado pusieron manos a la obra.“Esto es un desastre, es falta de respeto a la vida, falta de respeto a los pobres”. “Decidimos decir basta”, dijo Leonardo Grosso, Diputado Nacional por Buenos Aires y responsable nacional de la JP Evita.

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No existe un número oficial de la cantidad de casos de abuso policial. Según el Registro Nacional de Casos de Tortura y Malos Tratos, entre diciembre de 2010 y septiembre de 2013 hubo 73.

Algunos de los familiares de esos jóvenes estuvieron en la marcha de este mediodía: los de “Kiki” Lescano, los de Sebastián Bordón, los de Jonathan. Dolly, la mamá de Ezequiel Demonty, fue una de las primeras en llegar. El caso de su hijo “fue muy parecido a lo de Arruga. Luciano fue la gota que rebalsó la gorra”, dijo aCosecha Roja.

“Esto se trata de la agresión a los que vivimos en barrios populares: la sociedad se tiene que dar cuenta de que son muchos los casos”, agregó. El cuerpo apareció ahogado y dijeron que había querido robar una bicicleta. Después que había querido robar un taxi. Pero no apareció ningún damnificado”, contó Dolly.

Durante el juicio se demostró que, en 2002, los agentes de la comisaría 34 lo habían golpeado salvajemente y que lo habían metido al Riachuelo a punta de pistola. “Lo hicieron nadar en el barro podrido”, dijo Dolly. Ezequiel estaba débil por la tortura y no sabía nadar: murió ahogado. “Según el médico forense estuvo 10 minutos luchando por sobrevivir, se notaba en el corazón la fuerza que hizo. Son cosas que te marcan”, dijo. Dolly sigue militando: “no quiero que sigan matando a nuestros pibes”. Eduardo López, Secretario General de UTE, anunció que hoy se tratará el proyecto en la legislatura porteña para cambiar el nombre del puente Félix Uriburu por Ezequiel Demonty.

En la marcha Dolly caminó con Lilia, la mamá de Ramón “Sugus” Santillán. El 5 de junio de 1999 un gendarme lo mató de un balazo. Tenía 21 años, estudiaba economía y daba apoyo escolar en el Centro Cultural William Morris. Habían discutido porque Sugus quería defender a un pibe al que el gendarme estaba golpeando, entonces el agente disparó. A los 7 meses, el papá murió de depresión. “Siguen desapareciendo a los pibes, siguen torturando en la comisaría, sigue habiendo gatillo fácil. Yo siempre voy a estar en la lucha”, dijo a Cosecha Roja Lilia.

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Dos años antes (en 1997) habían asesinado a Sebastián Bordón. Su mamá Miriam Medina se convirtió en una referente de la lucha contra la impunidad. La policía mendocina dijo que se había tirado cuesta abajo, pero las pericias demostraron las marcas del abuso: tenía golpes en la cabeza y marcas del palo de la policía.

En 1991 mataron a Walter Bulacio, el caso es sinónimo de gatillo fácil. Pasó la noche del 19 de abril en la Comisaría 35º “porque estaba borracho y drogado”. Así dijeron en la dependencia policial. El comisario le pegó tanto con un machete en la cabeza que cuando la familia lo vio en el hospital, Walter ya casi no podía hablar.

La cronología de la violencia institucional no va solamente hacia atrás: el 7 de agosto la policía disparó a cuatro jóvenes que iban en un auto en la Villa 20. Jonathan y Brian murieron, uno quedó con una bala cerca del pulmón y otro adolescente pasó algunos días preso. Los dejaron morir desangrados y los familiares se sumaron hoy detrás de la bandera.

En la marcha también estuvieron Gastón Chillier y Horacio Verbitsky (CELS), Victoria Montenegro (Secretaría Nacional de Derechos Humanos de Kolina), Eduardo López (Secretario General de UTE), Raquel Wittis, militantes del Movimiento Evita, la Organización Los Pibes, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. Convocaron Hebe de Bonafini, HIJOS, CELS, Asociación Bru, el Programa Nacional Anti Impunidad, Seamos Libres y la Asociación Miguel Bru, entre otros.

Fuente: Cosecha Roja.-

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