Un cafecito para Scioli

(Columna de Ernesto Calvo y Andrés Malamud)

A un año y medio de las elecciones, la paciencia del gobernador no es una estrategia descabellada

En la Argentina, las ideologías distinguen a las décadas más que a los partidos. El peronismo fue conservador y luego renovador en los ‘80, neoliberal en los ‘90 y nacional y popular en los 2000. El radicalismo tuvo una etapa socialdemócrata con Raúl Alfonsín, otra conservadora con Eduardo Angeloz y una moderada con De la Rúa mientras que la tercera fuerza fue mutando desde la centroizquierda de Oscar Alende hasta el vecinalismo de Mauricio Macri pasando por la derecha de Rico. Sin embargo, las redes políticas son más estables que las ideologías: así como Miguel Pichetto y Oscar Parrilli sirvieron a Carlos Menem y a los Kirchner, progresistas críticos como Federico Storani fueron legisladores con Alfonsín y ministros de De la Rúa.

Para entender de qué lado decantará la década actual, más fluida que las anteriores, nos propusimos averiguar cómo interactúan los dirigentes nacionales en las redes sociales. Por medio de Twitter, recreamos el espacio político argentino utilizando las listas de “amigos” (a quiénes siguen) de 99 políticos para medir el grado de afinidad entre ellos. Los resultados son sugerentes. Martín González (de la Universidad Torcuato Di Tella) y Juan Manuel García recolectaron la información con la cual construimos el mapa.

Nota: Datos recopilados por Martín González y Juan Manuel García. Posiciones estimadas por Ernesto Calvo utilizando componente principal en R 3.0.

Mediante un análisis estadístico sin intervención humana, nuestro software transformó a los amigos en común en coordenadas políticas. Esperábamos encontrar un doble espectro, conforme describiera el politólogo canadiense Pierre Ostiguy. Por un lado, estaría la distinción clásica entre izquierda y derecha y, por el otro, la más idiosincrásica de peronismo y antiperonismo. Los dirigentes se distribuirían en cuatro elegantes casilleros, de los que Cristina (peronista de izquierda), Menem (peronista de derecha), Hermes Binner (no peronista de izquierda) y Macri (no peronista de derecha) serían cabales representantes. No fue así. El gráfico traza dos ejes separando al peronismo del no peronismo y al Gobierno de la oposición. Al mismo tiempo, permitimos que la computadora estimara los límites de los grupos para ver quiénes quedaban asociados en un mismo espacio político, independientemente de su partido.

Nuestra conclusión es que el eje ordenador de la política argentina, o más modestamente de los políticos que tuitean, no es peronismo- antiperonismo ni izquierda-derecha sino Gobierno-oposición. Esta dimensión corta diagonalmente el espacio político, recordando la transversalidad de 2007. “Estas son mis convicciones; si no le gustan tengo otras” , explicaría Groucho Marx.

El pragmatismo impera. La diferencia es que el Gobierno aparece más compacto. En cambio, los distintos grupos opositores exhiben tendencias centrífugas. Dos dirigentes se destacan en el mapa: Sergio Massa y Daniel Scioli. El primero se encuentra en el centro del espacio opositor: en lugar de posicionarse cerca de los demás peronistas, aparece rodeado por un semicírculo en el que sobresalen Binner, Ernesto Sanz, Julio Cobos, Ricardo Alfonsín y Macri.

¿Estará Massa en el eje de la coalición opositora o en su línea de fuego? La estrategia del Frente Renovador consiste en rapiñar dirigentes de todos los cuadrantes, pero su falta de anclaje en el espacio político sugiere que la fluidez del reclutamiento puede anticipar la de la fuga.

Scioli enfrenta un dilema diferente: se encuentra tan alejado del núcleo opositor como del Gobierno, aunque comparte vínculos con ambos. Su situación recuerda a un viejo chiste de la Guerra Fría. En los ’70, mueren Lyndon B. Johnson, Nikita Kruschev y Mao Zedong, líderes de las grandes potencias. Llegan al cielo y Dios les ofrece un deseo. Johnson pide una bomba atómica sobre la Unión Soviética que no deje ni una botella de vodka entera. Kruschev pide una bomba atómica sobre EE.UU. que no deje un solo Mc Donald’s en pie. “¿Y usted, camarada Mao?” , pregunta Dios. “Un cafecito, por favor”.

A un año y medio de las elecciones, la paciencia del camarada Scioli no es una estrategia descabellada. El mapa político también ilumina las estrategias para las PASO. Massa se encuentra en el centro de la oposición pero no la nuclea, y su estrategia lo obliga a competir por afuera del peronismo. Si el panradicalismo forjase una alianza amplia, Massa correría el riesgo de quedarse en la mitad del río: a distancia del peronismo pero sin ganar al votante no peronista. A su vez, el espacio panradical enfrenta el riesgo del pelotón de fusilamiento circular, en que el fuego cruzado acaba con todos los tiradores. También para el Gobierno el escenario es complicado. Jorge Capitanich es del palo, Sergio Urribarri está adentro “mirando” para afuera y Scioli está afuera “mirando” para adentro. A los tres les conviene jugar en la interna del partido, pero Capitanich y Urribarri están demasiado cerca el uno del otro y pueden dividir el voto K, sirviéndole a Scioli la candidatura en bandeja. Si la economía mejora, el Gobierno deberá disciplinar su interna para superar a Scioli. Caso contrario, tendrá que ir calentando el café.

Fuente: elestadista.com.ar

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