Citan a Bergoglio como testigo en el juicio oral por el robo de bebés.

Por Néstor Espósito
El arzobispo fue mencionado por la hija de una de las fundadoras de Abuelas como la persona que les acercó un contacto para obtener información sobre el paradero de su sobrina. Es la segunda vez que lo convocan a declarar.

El arzobispo porteño Jorge Bergoglio deberá volver a declarar en una causa por violaciones a los Derechos Humanos durante la última dictadura. El Tribunal Oral Federal Nº 6, que lleva adelante el juicio por el denominado Plan Sistemático de robo de bebés hijos de desaparecidos, la mayoría de ellos nacidos en los centros clandestinos de detención y torturas del régimen, resolvió ayer aceptar el planteo del fiscal Martín Niklison; del abogado de un grupo de Abuelas de Plaza de Mayo, Alejo Ramos Padilla, pero especial y fundamentalmente de Estela de la Cuadra, hija de una de las fundadoras de Abuelas, quien sigue buscado a Ana Libertad, su sobrina nieta, en manos de apropiadores desde cuatro días después de nacida en la Comisaría 5ª de La Plata. Estela de la Cuadra es hija de Alicia “Licha” de la Cuadra, quien murió en 2008, a los 93 años de edad, sin reencontrarse con su hija desaparecida, ni con su nieta apropiada.
Bergoglio será testigo en un juicio que tiene sentados en el banquillo de los acusados a Jorge Rafael Videla y Reynaldo Benito Bignone, el primero y el último de los usurpadores del poder entre 1976 y 1983.
Ana Libertad Baratti de la Cuadra nació el 7 de julio de 1977, cuando sus padres, Elena de la Cuadra y Héctor Baratti, llevaban ya cuatro meses y medio desaparecidos. Desde entonces vive con otro nombre, otra identidad y otra historia. Acaso ignorando que es hija de desaparecidos. La dictadura golpeó con toda su ferocidad a la familia De la Cuadra, siete de cuyos integrantes están desaparecidos. Ana Libertad fue arrancada de los brazos de su madre el 11 de julio, cuatro días después de su nacimiento, y entregada –según supieron los sobrevivientes– a una familia sin hijos.
¿Cómo lo supieron? Durante los Juicios por la Verdad, en 1999 (cuando las leyes de impunidad y los indultos aún impedían la persecución penal de los delincuentes de lesa humanidad, en general, y de los apropiadores de bebés, en particular),  Estela de la Cuadra contó por primera vez ante los tribunales de La Plata la historia que involucra al cardenal. “Todo esto pasa en el año ’77, donde mis padres se mueven incansablemente, donde ya se están formando los Organismos de Derechos Humanos y están siendo una realidad. Para julio, ya dos hermanos de Elenita estaban en el exilio, en Italia. Entonces papá y mamá le solicitan que vayan a ver al Padre Pedro Rupe, general de los jesuitas, que es un sacerdote con una relación de larga data con la familia. El padre Rupe, que justo venía de Brasil de un Congreso importante de los jesuitas, dice entonces: el padre Bergoglio, Jorge Bergoglio, que era el provincial de los jesuitas en la Argentina, es el que se va a ocupar de esto, y entonces designa a Cándido Gabignia, de su congregación, para hacer los trámites y contactar a Bergoglio.”
Según la narración, el arzobispo supo de labios de las propias víctimas lo que estaba ocurriendo: “En un momento dado, Bergoglio cita a mi padre y le pide que le relate la historia. Entonces Bergoglio le da una carta a papá, donde le dice: ‘bueno, señor De La Cuadra, usted diríjase a Monseñor Mario Piqui’. Una pequeña cartita de la tarea que le había impuesto el padre Rupe.” El sacerdote Piqui constató la denuncia y regresó con una respuesta que le transmitió Reinaldo Tabernero, por entonces subjefe de la temible policía bonaerense que encabezaba Ramón Camps: “Sí, padre, en efecto, nació una nena, pero la nena fue dada a un matrimonio sin hijos, está bien... y que bueno, que las cosas son así.”
Al menos en tres oportunidades en los últimos 12 años distintos tribunales escucharon el mismo relato. “Es la tercera vez que lo pido ante un tribunal. ¿Lo vamos a citar para que declare o no lo vamos a citar para que declare?”, se enojó Estela de la Cuadra la semana pasada. Ayer, el tribunal anunció que Bergoglio deberá declarar, aunque será invitado a hacerlo ante el tribunal o, en caso de utilizar las prerrogativas que le concede su jerarquía eclesiástica, será el tribunal el que se trasladará a sus oficinas para interrogarlo. El artículo 250 del Código Procesal sostiene que “no estarán obligados a comparecer el presidente y vicepresidente de la Nación... y  los altos dignatarios de la Iglesia.  Según la importancia que el juez atribuya a su testimonio y el lugar en que se encuentren, aquellas personas declararán en su residencia oficial, donde aquel se trasladará, o por un informe escrito, en el cual expresarán que atestiguan bajo juramento.” Pero el párrafo final de ese artículo dice algo más: “los testigos enumerados podrán renunciar a este tratamiento especial”. En otras palabras, si Bergoglio quisiera, podría ir a declarar ante el tribunal.
El purpurado ya conoce el trámite y en un caso similar manifestó su opción. En el juicio oral por los delitos cometidos en la ESMA, en noviembre del año pasado, estuvo cuatro horas en la sede de la curia metropolitana. Allí describió reuniones con la Junta Militar para pedir por los jesuitas secuestrados Francisco Jalics y Orlando Yorio.

Fuente:
Compartir en Google Plus
    Blogger Comment
    Facebook Comment