En contactos con EE UU, Massera sugirió a la CIA que matara a López Rega.

El dictador mantuvo encuentros con la diplomacia estadounidense a partir de 1975. Su encono hacia el "Brujo" y la mirada sobre Isabel Perón.

 

Por:
Gerardo Aranguren y Javier Borelli

El jefe de la Marina expresa sus sentimientos anti López Rega", se tituló el cable secreto de la embajada estadounidense de fecha 30 de junio de 1975, en el que se revela el encono personal que mantenía Emilio Massera con el ministro de Bienestar Social y que lo llevó, incluso, a bromear con su asesinato. Todavía faltaban nueve meses para que Massera integrara la Junta Militar y se convirtiera en uno de los hombres más poderosos y temibles de la Argentina, pero ya era el jefe de la Armada e impulsaba el acercamiento de las tres armas con la delegación de Washington. Este acercamiento era también recomendado por la Cancillería estadounidense, en manos de Henry Kissinger desde noviembre de 1973, como lo confirmaron los cables difundidos el lunes pasado por este diario y lo demuestran los numerosos encuentros y cables difundidos por WikiLeaks.

A mediados de 1975, durante los últimos meses del gobierno de la viuda de Perón, Massera visitó la Embajada de España en Buenos Aires para una cena en su honor. "En una conversación antes de la cena, el almirante Massera comentó sobre la crisis a la que se enfrenta el gobierno de la señora de Perón y cómo el ministro de Bienestar Social, José López Rega, le oculta a ella información vital", relató Joseph Montllor, segundo de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, en un despacho enviado a la Secretaría de Estado estadounidense.

"Massera dijo que cuando se reúne con ella, cada vez que trata de darle información objetiva, la entrevista es interrumpida por López Rega", señaló el funcionario. El marino describió al "Brujo" como "un hombre ignorante, que no tiene ningún conocimiento económico", y en una profecía autocumplida, vaticinó: "Su influencia está llevando a la Argentina al momento más oscuro de su historia."

Al parecer, las duras críticas de Massera, quien mantenía una relación cercana con la viuda de Perón, asombraron a sus interlocutores porque inmediatamente aclaró que López Rega conocía bien lo que pensaba sobre él y que su mala relación no era ningún "sentimiento secreto".

El cable, de apenas una página, continúa describiendo la charla durante la cena en la embajada española. "Un argentino que participaba de la conversación dijo en un tono jocoso que, como la CIA es acusada de todo, podríamos descubrir que también está detrás de los problemas de Argentina. En ese momento, Massera comentó con ironía que si la CIA estaba en el negocio de los asesinatos, él tenía un candidato de primera", escribió Montllor.

La frase, que a la luz de los métodos que usaría meses después el jefe de la Marina adquieren un tono siniestro, fue reafirmada horas después cuando, al salir de la embajada con su esposa, le dijo al funcionario estadounidense: "No te olvides de la CIA y mi candidato."

El despacho cierra con un análisis de Montllor sobre el vínculo de Massera, López Rega y la entonces presidenta Martínez de Perón. "Por la forma descuidada en la que se expresó, Massera mostró que no necesita de López Rega, no le tiene miedo y desea que el ministro de Bienestar Social deje la escena pronto y de manera permanente. No habló con el mismo desprecio hacia la señora de Perón, pero la ve como una víctima de la influencia de López Rega, de la cual no puede o no desea librarse", comentó. 

Apenas 11 días después del encuentro, López Rega renunciaría al Ministerio de Bienestar Social y, poco después, se iría del país tras el Rodrigazo, como se conoció al duro ajuste que también le costó el puesto al ministro de Economía Celestino Rodrigo.

Pero la aparición de Massera en la Embajada de España no es el primer contacto que mantuvo el marino con la diplomacia estadounidense. El 11 de diciembre de 1973, la embajada hace un seguimiento de su nombramiento como comandante en jefe de la Armada a través de un editorial de Claudio Escribano, del diario La Nación, en el que se describe a Massera como el "mal menor" para Perón dentro de la fuerza y que funcionaría como "punto de contacto" entre el peronismo y la Armada.

Dos años después, ya muerto Perón, el 14 de marzo de 1975, el embajador se refiere a Massera como "demasiado cercano" a la presidenta María Estela Martínez de Perón y señala el descontento de la Marina con esa relación, aunque aclara: "Que la señora de Perón ya no cuente con apoyo de los militares no significa que ya estén preparados para hacer un movimiento contra ella."

El 26 de julio, Hill volvió a encontrarse con Massera en una cena que organizó en su honor en su residencia. El embajador dijo estar "sorprendido" de los dichos del marino, quien le adelantó que las Fuerzas Armadas estaban determinadas a conseguir la renuncia del canciller Alberto Vignes luego de la salida de López Rega, Rodrigo y Raúl Lastiri. También relató: "El almirante Massera aseguró de manera categórica que no tenía ambiciones políticas personales. De hecho, está preparado para perder su trabajo como resultado de su participación en esos problemas."

Meses después, el jefe de la Armada entraría en la historia como integrante de la dictadura más sangrienta y, justamente por sus ambiciones políticas, comenzaría a chocar con Videla por sus diferentes posturas.   

Uno de los últimos cables referidos a Massera en los documentos difundidos por WikiLeaks es un encuentro que mantuvo con la prensa extranjera. "En palabras coloridas, que provocaron fascinación en los corresponsales extranjeros, Massera dijo que ni él ni Videla son Al Capone y que este gobierno no es una mafia", comentó Hill el 1 de octubre de 1976 y finalizó: "Massera y su personal estaban de ropa de civil. El ambiente era amistoso, de apertura, y (se produjeron) discusiones encendidas sin restricciones excesivas en ninguno de los lados. Él habló siempre de la 'Junta' y no del Presidente o el Gobierno." «

Los ford falcon y el trabajo "encubierto"

Con una frase al pasar, al informar sobre una compra de equipamiento para la persecución del narcotráfico en Argentina, el embajador estadounidense Robert Hill describió como “muy adecuado para el trabajo encubierto” al modelo ‘Falcon’ de Ford, que se convertiría en los siguientes años en símbolo de la represión clandestina.

El cable firmado por Hill, de fecha 25 de octubre de 1974, se titula “Equipamiento para reforzar Narcóticos (de la Policía)”. Allí el embajador requiere permiso para comprar en Argentina automóviles para la Policía Federal y Gendarmería en el marco de un acuerdo interestatal para dar seguimiento a presuntos narcotraficantes ya que, explica, “los autos extranjeros no pueden ser importados salvo a través de los privilegios diplomáticos”.

Para la Policía Federal requiere seis “Ford Falcon Standard” de cuatro puertas y seis cilindros y describe que el Falcon producido en la Argentina es el equivalente al modelo 1960 de los Estados Unidos. El costo de los vehículos: 4300 dólares por unidad.

“Los vehículos serán usados para trabajo clandestino y vigilancia. El Ford Falcon producido en el país es un auto muy común en la Argentina y muy adecuado para el trabajo encubierto”, señaló Hill. Y agregó: “Un intento de usar autos hechos en el extranjero sería peor que contraproducente ya que los traficantes los identificarían inmediatamente.”

Como explica el cable, por su masividad el Falcon (en su mayoría de color verde) fue el vehículo más utilizado por las fuerzas represivas antes y durante la última dictadura para realizar operativos clandestinos de secuestro de personas. 

La teoría de pegar "debajo del cinturón"

Menos de un mes después del golpe, Emilio Massera almorzó con el embajador estadounidense. No fue solo, sino que lo acompañaron varios ministros y secretarios: José María Klix (Defensa), Juan Alemann (Hacienda), Guillermo Klein (Coordinación Económica), entre otros. “Massera se mostró moderado en el tema Derechos Humanos, pero otros en la mesa parecían favorecer una línea más dura. Cuando les pregunté qué pasaría con los miembros del gobierno anterior detenidos, Massera contestó que cada uno está siendo investigado y, de ser necesario, serán juzgados. Alemann, sin embargo, agregó que debía recordar que  todas esas personas son criminales”, relató Robert Hill.

El embajador señaló que toda la mesa estuvo de acuerdo en que “la lucha contra el terrorismo debe ser perseguida vigorosamente”. Y destacó: “El ministro Klix fue más allá. Insistió en que debían ser fanáticos para defender fanáticos y observó que si el otro lado pega debajo del cinturón, también debemos hacerlo nosotros.” Al finalizar el cable, el diplomático dejó “abierto a interpretación” la verdadera intención de los dichos del ministro “pero está claro que Klix no es tan prudente ni cercano a las leyes como Videla”, consideró.

Impresiones

Juan Domingo Perón

"Perón me dio la impresión de estar enteramente lúcido, absolutamente encantador y mucho más vigoroso y saludable en apariencia que lo que han sugerido algunos informes recientes", describió el embajador de los Estados Unidos en Argentina, John Davis Lodge, el 5 de octubre de 1973. Poco más de un mes después, su remplazante Robert Hill, advertiría en otro cable sobre "el serio estado de salud de Perón" y haría planes sobre las posibles líneas de acción ante su eventual muerte.

Jorge Rafael Videla

"Videla está por el momento en una posición suficientemente fuerte para mantener en línea a los duros e imponer un enfoque moderado. El golpe, que culminó en la madrugada del 24 de marzo, puede definirse ahora como de carácter moderado", opinó Hill el día que derrocaron a Martínez de Perón.

María Estela Martínez de Perón

Para el embajador Robert Hill, "la señora de Perón todavía tiene una apariencia frágil y desmejorada (…) tenía un herpes labial y manchas en su rostro, lo que podría indicar un mayor nerviosismo", señaló el

31 de julio de 1974, casi

un mes después de la muerte de Perón.

Fuente: Tiempo Argentino

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