“Perdimos 20 años por querer copiar a Europa”

Ramón Cabrero tiene 65 años, es el coordinador de inferiores de Lanús y el único técnico que salió campeón de Primera con ese club que ahora está de nuevo en la pelea del título. Es, además, un español que conoció la nieve haciendo el servicio militar con el franquismo, que jugó una final de Copa de Europa para el Atlético de Madrid y un hombre al que vale la pena escucharlo hablar de fútbol y de la formación de los pibes durante una hora.”Yo creo que por arriba del fútbol argentino está sólo el brasilero”, dice.


Ramón Cabrero nació hace 65 muy lejos de acá, de Arias y Guidi, Lanús, corazón del sur del conurbano, donde está parado ahora. Él es cantábrico, de España, pero un barco lo trajo hasta aquí junto a su familia a los 4 años. Aunque haya nacido allá y vivido en Albania o Medellín, este es su pago: acá conoce cada rincón y por eso pide apurar la nota para cumplir con el asado que se hace a fuego lento en los quinchos del club. Pero la prisa no distrae a Ramón, que habla con la tranquilidad de haberlo visto casi todo.

-Haciendo un poco de archivo nos encontramos con que usted hizo el servicio militar español durante el franquismo.
-Hice 45 días en Victoria, que era al lado de San Sebastián. Era la instrucción, como le decían allá. Fue en el año 73. Como yo soy español, y nunca me hice ciudadano argentino, lo tuve que hacer. Lo hice con mucha gente más grande, de entre 27 y 35 años más o menos, que eran los que pedían prórrogas. Fueron 40 días donde no podías salir. Apenas hacía un año que había llegado a España. Gracias a eso conocí la nieve ahí en Victoria. Un metro de nieve. Yo jugaba en el Atlético de Madrid.

-¿En esa época era muy distinto el fútbol europeo del que se jugaba acá?
-Era distinto el fútbol. El Atlético en ese momento era un equipo muy potente, estaba encima del Barcelona y más o menos como el Real. Salimos dos veces campeones y perdimos una final de Copa Europa con Bayern Munich. Pero había una distancia a nivel de fútbol: era más lento, con menos marcas. El fútbol cambió como cambió todo.

-Y si le dan para ver un partido de esa época o un partido de ahora, ¿cuál mira?
-Eran cosas distintas. Yo soy de los que piensan que los buenos jugadores juegan en todas las épocas. Hay algo que es muy sencillo: si me dan un buen jugador, lo más seguro es que a tirarse a los pies y a correr le puedo enseñar rápido. Ahora, enseñarle a jugar es muy difícil. No va a aprender nunca. Por eso lo que importa es que el jugador sea bueno, lo demás se adapta. Hoy Ángel Clemente Rojas, por decir uno bueno de mi época, jugaría brillantemente.

-¿Pero hoy todos tienen que correr y tirarse a los pies?
-No. Riquelme no corre ni se tira a los pies. Y juega bien. Te tenés que adaptar al ritmo. Jugar como hace treinta años, es imposible.

- Y el fútbol español de ese momento, ¿qué tanto se parecía al de ahora?
-Era similar. Todavía en el fútbol argentino no había llegado el cambio. Era la época que nosotros creíamos que en el fútbol europeo se corría más, se entrenaba más. Y no había nada de cierto. En el año 75, cuando agarra César –por Menotti- la Selección, el fútbol argentino empezó a cambiar. Y el cambio estuvo cuando los jugadores se empezaron a ir afuera. Yo en el 71 me fui a España cuando no se iban muchos. Y el fútbol europeo era más profesional. Entonces los que se iban afuera y hablaban con sus ex compañeros notaban una gran diferencia en lo profesional. Y eso empezó a cambiar, el fútbol argentino empezó a tener menos mañas y ser más profesional.

-Perfumo el otro día se quejaba de que en esa época los hacían mirar mucho fútbol español por videos y decía que así se desprestigiaba el fútbol argentino.

Fotos: NosDigital

-Ese fue el gran defecto del fútbol argentino en la década de los 70: creer que el fútbol europeo era superior. Brasil nunca lo copió y siempre fue el mejor. No entraron en eso de pensar eso que pensábamos nosotros, sobre lo físico y que se yo. A Brasil le metían tres y ellos decían que te metían cuatro. Ese era el lema en los 70. Ahora ya no le metés tres a Brasil, eso lo corrigieron. Uno de los grandes atrasos del fútbol argentino fue querer copiar a los europeos. Cada uno tiene su estilo. Y de repente cuando uno va a Europa se da cuenta de que el jugador argentino es muy admirado. Yo cuando jugaba en Newell´s vivía con Marito Zanabria en el mismo departamento. Salíamos a correr al parque y, a veces, cuando te podías esconder atrás de un árbol lo hacías. Eso ya no lo podés hacer. Hoy si te escondés para no hacer un ejercicio, tus compañeros te cagan a putedas.

-¿Y hoy en qué estamos?
-A nivel local el fútbol argentino es malo. Es lamentable. Al fútbol lo juegan los jugadores y acá los mejores no están. Si se juega un clásico River-Boca, deberían estar los 22 mejores del país ahí pero debe haber jugadores que se deben pellizcar y decir ‘la pucha, estoy jugando en River o en Boca’. Los buenos jugadores se van, no duran. ¿Lamela cuánto jugó? Cuatro meses. El hincha de River no pudo ver a Lamela, como pasó con Saviola, Aimar, con todos.

-El problema es estructural, del sistema, no es que no surgen los jugadores.
-Tampoco es estructural. El problema es la plata. Si mañana vienen y le dicen al presidente de Lanús: “¿cuánto vale Pizarro? te pongo siete millones de dólares”, chau Pizarro. Como fue chau Leto, chau Acosta, chau Salvio, chau Blanco.

-Pero esos jugadores, por ejemplo, acá hacían una diferencia bárbara y en Europa no están en un primer nivel.
-El jugador argentino es muy preciado. Se adapta. Tiene personalidad. Yo estuve en Colombia, en Atlético nacional. El jugador colombiano es muy buen jugador, pero le falta ese plus de personalidad y de querer ganar que tiene el futbolista argentino. Yo creo que por arriba del fútbol argentino está solo el brasilero. Históricamente fue así. No por casualidad los dos mejores jugadores de la historia del mundo nacieron acá, que son Maradona y Messi. Creo que perdimos veinte años queriendo copiar algo que para mi no había por qué. Ya después, con los medios de comunicación, con los jugadores que se iban y venían, ya adquirió una identidad propia porque se dieron cuenta que allá no se entrenaba más ni se corría más como se pensaba. Cuando yo fui pensé que me iban a matar entrenando. Y entrenábamos menos que acá.

-¿Y en las Inferiores también existió eso de tratar de imitar a Europa?
-No. En las Inferiores fuimos, somos y vamos a ser por veinte años más un ejemplo. El fútbol argentino en Inferiores es el mejor del mundo, no hay con qué darle. No hay europeo, no hay colombiano, no hay brasilero, no hay con qué darle. El campeonato de fútbol juvenil de Argentina es único.

-¿Por qué?
-Porque todos los equipos compiten. Venís a ver la novena de Lanús contra la novena de River y ya vienen de tres años de infantiles, de competir a los 14 años y todavía les falta llegar hasta la cuarta. Si vos vas a España que juega el Real Madrid contra el Barcelona, por poner un caso, novena división no existe. En Colombia empiezan a jugar a partir de los 16 años entre los de ahí nomás, los de cerquita. Yo estuve en Medellín y jugaban solo los cuatro de equipos con un colegio de acá, con una escuela de allá y le meten siete u ocho goles. No hay competición.

-¿Pero sirve para formar a un jugador competir a los 14 años?
-Sin competición no podés formar un jugador. A ver: si acá, que trabajamos muy bien las juveniles, jugamos con el Colegio Don Bosco, le metemos 10 goles. Ahora, si jugás con River es distinto.

-Pero es criticable que a los 14 años se piense en un resultado y no en jugar.
-Eso es otra cosa. La competencia te da categoría, te hace crecer al jugador a un buen nivel. Ahora, que le des más importancia al resultado que al jugador es un tema más amplio y hay mucha gente que dice que no lo hace pero lo hace. Yo he escuchado decir que lo que les importa es que los pibes lleguen a primera bien formado y después se agarran a trompadas los directivos, los técnicos, los jueces, todos porque quieren ganar. Es más amplio el tema, pero si hay algo bueno en el fútbol argentino son los campeonatos juveniles que tenemos.

-Pero los dirigentes miden los trabajos de inferiores de acuerdo a los resultados de las categorías.
-A ellos lo que les importa es si ganamos. Te dicen que lo importante es sacar jugadores, pero es mentira. Lo digo yo porque acá lo puede o decir. Es contraproducente. Pero se instala tanto, que si pierden un par de partidos, se quedan sin el puesto el coordinador y el técnico. Y viven de eso. Entonces lo que vos querés es ganar antes que nada. Acá hemos tratado de cambiarlo, pero no es tan fácil. La prioridad es que jueguen en Primera la mayor cantidad de chicos.

-¿Cómo se maneja que haya familias que piensen a pibes de 14 años que juegan a la pelota como su motor económico?
-En el club tenemos 60 contratos de 5 mil pesos entre la novena y la cuarta división. Somos uno de los cuatro o cinco clubes que se manejan así porque si no le hacés un contrato a un pibe que juega bien viene cualquiera y te lo roba. Ya es una inversión. Muchos de esos chicos, aunque parezca mentira, son el sostén del hogar. Son pibes de 14, 15, 16 años y no tienen por qué mantener una familia. Debería ser distinto, porque sino crecen demasiado rápido

-El laburo en inferiores para los formadores se vuelve más exigente entonces.
-Tenés que tener la posibilidad de poder trabajar bien. Este club hace siete años no tenía nada que ver con esto que se ve. No había canchas buenas, era un desastre. Nosotros ahora tenemos pensión, vestuario, buenas canchas, buena ropa, hotelería, psicólogo, colegio particular, todo lo habido y por haber hay que dárselo al jugador. Obvio: si no juega bien, no sirve. Pero para que juegue bien vos le tenés que dar todo eso porque no es lo mismo para un jugador que viene de afuera o que viene creciendo. Esto es un trabajo ciego, que nadie lo ve. La gente prefiere gastar 500 mil dólares en un jugador que ponerlos en inferiores, porque nadie se entera que hiciste dos canchas nuevas. Lanús invirtió mucho dinero del que ganó en las inferiores. Y este club se hizo grande por sus inferiores: en los últimos años vendió por 60 millones de dólares.

-Zubeldía dijo hace poco en una entrevista que las camadas que vienen después del año 81 tienen más dificultades a nivel intelectual.
-Tampoco te tenés que ir del otro lado y decir yo voy a formar un profesional para que sea un fenómeno de pibe si no llega a la Primera de Lanús. Nosotros estamos formando jugadores de fútbol, ayudándolos, complementándolos para que sea un chico educado, que vaya al colegio y otras posibilidades que si no fuera por el club ellos no las tendrían. Todo lo otro, es relativo. Acá el contexto es difícil porque de donde nosotros sacamos la mayoría de los chicos, que es por los alrededores de acá, no tienen realidades muy fáciles. Si están en la pensión están mejor que en su casa porque una prioridad para el club es que vayan al colegio: aunque repita 17 grados tiene que seguir yendo. Ahora, la realidad es que si tenés uno que todos los domingos hace tres goles y no va al colegio, el presidente del club te va a decir que tiene que jugar. Todo es elástico. Ha pasado: el Toto Salvio si no iba al colegio jugaba igual.

-De todo este tiempo que lleva acá, ¿qué jugador piensa que es el emblemático de los chicos de Lanús?
-Lo más importante del club es el fútbol infantil porque si vos vas a buscar jugadores de afuera por más que pongas plata y todo, no lo vas a poder traer si juega muy bien a cierta edad. La inversión la tenés que hacer en el fútbol infantil: ir a buscar a los barrios y traerlos. Cuando Lanús sale campeón, Pelletieri, Archubi, Acosta, Blanco, Fritzler, Valeri, todos venían del fútbol infantil. Desde los 10 años. Ahí está la formación, siempre fueron buenos jugadores, pero se pulen. Se hace muy difícil conseguir un jugador de 16, 17 años que sea bueno como Valeri. Y también es muy difícil traer un chico del interior, aunque a veces los vamos a buscar, de 10 u 11 años porque se le hace difícil vivir acá. Se vuelven rápido.

-Ahora Lanús está peleando de nuevo pero sin tantos chicos surgidos del club. ¿Cambió la planificación o no surgieron tantos talentos?
-Hay una idea equivocada del equipo del 2007. Pasó lo mismo que ahora, quizás un poquito más. Jugaba cuatro o cinco chicos y después jugaba Bossio, Graieb, Ribonetto, Hoyos, Velázquez, Sand. En este equipo también juegan algunos chicos. Pasa que algunos se olvidan que Marchesín salió hace dos años. O Pizarro, Balbi, Izquierdoz, Benítez. Hay chicos que están jugando y tres son titulares. En 2007 fue parecido. El mix es lo más importante para un equipo: jugadores grandes con jóvenes que le den la frescura.

-Está jugando bien Lanús, como en aquel año. ¿Ve algo parecido?
-Creo que con Vélez vamos a pelear hasta el final. Somos un equipo que en este sprint final viene en alza, intenta jugar y juega bien. Guillermo y Gustavo encontraron un mediocampo que realmente maneja los partidos. Lanús te de la sensación de que te gana. Incluso cuando no juega bien. Y eso en el fútbol es muy importante. El otro día estaba viendo el partido e iba 0 a 0, iban sólo veinte minutos, y desde arriba la sensación que te daba era que el partido lo ibas a ganar.

-Juega con la pelota, que no es poco.
-Agarró un momento donde tiene un mediocampo que pega bien la vuelta, que juega pelotas entrelíneas, que siempre hay uno destapado. Tiene jugadores en muy buen nivel como Pizarro, Pereyra. Dentro de lo que hay, está bien. Creo que la gran virtud de un técnico es saber elegir los complementos. En un mediocampo no tienen que jugar los cuatro mejores sino los que se complementen. Y eso a veces aparece sin darse cuenta. Nosotros salimos subcamepones en el año 2006 jugando con Archubi de tres y Leto de carrilero. Era insólito, pero andaban muy bien. Hacían un surco por ese lado.

-Después de tanto tiempo en el mundo del fútbol, que alguna vez lo ha cansado, ¿por qué sigue trabajando en esto y no se dedica a descansar o a otra cosa?
-No me cansé del fútbol, me cansé de dirigir Primera. Por eso estoy acá: porque estar acá es parte de mi familia. Si yo me quiero ir 15 días a Europa le digo al presidente del club que me voy 15 días. Si me quiero quedar 20 días en Mar del Plata en verano me quedo. Esto es un premio que creo habérmelo ganado. Acá disfruto: estoy a diez cuadras de mi casa, vengo a la mañana, miro fútbol, doy mi opinión, trabajo tres o cuatro horas por día. Con Primera es más difícil. Tomé esta decisión pensando en la tranquilidad.

-¿Y en Primera ya no tiene ganas?
-Hace poco estuve muy cerca de Huracán, porque el presidente me quería, me había hecho una oferta buena pero no se concretó. Yo nunca digo que no. Tiene que ser algo que me sirva mucho, que me convenza mucho y que me convenga mucho económicamente. A esta altura de mi vida si trabajo en primera es por dinero. Ya he padecido mucho a los 65 años.

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