Jorge Fontevecchia, recibió plata manchada con sangre.

Jorge Fontevecchia, en su editorial, intenta algunos sofismas mencionando que la publicidad no determina la línea editorial de una publicación. Pasa por alto, pues le conviene, la diferencia entre la publicidad de los actos de gobierno de una administración democrática y los avisos que justifican las matanzas de una dictadura militar.

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Complicidad civil

¿¿¿???
Así titula ayer su editorial en el diario Perfil Jorge Fontevecchia.
Por primera vez, este verborrágico y compulsivo citador de frases célebres se quedó sin palabras.
Y está bien, pues no hay palabras que puedan explicar lo que hizo en sus años mozos.
En tono soberbio, agradece que Veintitrés lo ubique en la misma foto que Mitre y Magnetto. No son muchos los argentinos que estarían felices de figurar entre dos cómplices de genocidio. Pero él lo está. Porque, en realidad, la nota prueba que fue cómplice y beneficiario de la dictadura más sangrienta que vivió la Argentina.
El Grupo Veintitrés, en su revista 7 días, reveló por primera vez hace cinco años las notas que la revista La Semana publicó en favor del gobierno militar, como aquel cálido reportaje que el actual director de Caras Brasil le hiciera al comandante Massera o la editorial donde el propio Fontevecchia afirmaba que la campaña antiargentina en el exterior era fruto de la actividad subversiva. La Semana no fue cualquier revista. Es, en realidad, la revista Noticias que antes se llamaba Noticias de la Semana y mutó su nombre bien entrada la democracia para ocultar su vergonzoso pasado. Esto es tan cierto que en 1999 la tapa de la revista Noticias celebraba sus primeros 20 años. Es decir, son la misma revista.
Sin embargo, revelar las notas que publicó y firmó Jorge Fontevecchia como vocero de la dictadura producen, como le gustaría decir a él (citando de Google alguna frase), demasiado abstracto para marcar su vínculo con los genocidas. En aquella oportunidad argumentó que también hubo notas contra los genocidas, o que fue objeto de un secuestro del cual nunca fue aclarado su móvil, y que muchos sospechamos se trató de un gravísimo caso de secuestro extorsivo a cambio de dinero realizado por las mismas bandas que protegía la dictadura, pero sin connotaciones políticas. Y, de hecho, para Fontevecchia esa fue su primera tesis, pues no hizo la denuncia ante la CONADEP sino que la agregó muchos años después.
Por eso ahora se quedó sin palabras para explicar. Pues ya no es abstracto lo que se discute. Es bien concreto.
Los avisos de la dictadura están publicados, lo que implica que recibió dinero de los genocidas para financiar sus publicaciones, y a su vez prueba que no tuvo ningún reparo moral en recibir plata manchada con sangre.
Eso es lo que lo dejó mudo.
En su editorial intenta algunos sofismas mencionando que la publicidad no determina la línea editorial de una publicación.  Pasa por alto, pues le conviene, la diferencia entre la publicidad de los actos de gobierno de una administración democrática y los avisos que justifican las matanzas de una dictadura militar. Los gobiernos democráticos no son iguales a las dictaduras, y esa falta de diferenciación es el origen de todo los defectuoso en el discurso de Fontevecchia. Cree que se debe criticar a un gobierno democrático con las mismas categorías que se lo hace con una dictadura, y también que se puede recibir publicidad oficial y dinero de una dictadura como si fuera lo mismo que recibirlo de un gobierno democrático.
Sobre el final de su ditorial intenta minimizar su responsabilidad con el argumento que sólo tenía 20 años.
A los 20 años, uno es responsable de sus actos, y su postura de cómplice de la dictadura no se atenúa con esta argumentación casi infantil.
Quien esto escribe tenía 17 años en 1982, cuando participó como militante en la Asamblea Constitutiva del Movimiento Judío por los Derechos Humanos, fundada por el rabino Marshall Meyer, Herman Schiller y Fernando Sokolowicz. La edad no es una excusa a la hora de las convicciones. Por eso, lo que sí puede mostrar orgullosamente el Grupo Veintitrés es que tanto Matías Garfunkel como yo nos hemos mantenido firmes en la lucha por la democracia, los Derechos Humanos y la Justicia Social. No tenemos las manos manchadas con plata que chorrea sangre, ni fuimos socios comerciales de una dictadura genocida.
Somos distintos. Nosotros, en la edición de este 24 de marzo, aniversario del inicio del genocidio y la persecución a cientos de periodistas, damos cuenta de la complicidad de los medios con la dictadura. Fontevecchia, a través de la revista Noticias y su director, Eduardo Zunino, prefieren conmemorar esta fecha estigmatizando a un periodista por pensar distinto a ellos. Que el dueño de un medio haga esto es, de por sí, grave. Pero que un colega convalide este artero ataque hacia otro colega, es repugnante.
Los avisos de la pauta oficial publicados en sus medios prueban que Fontevecchia se benefició económicamente de una dictadura a la que defendía en sus editoriales.
Fontevechia no actuó por miedo –lo que podría ser comprensible, pero le quitaría el derecho que él se arroga ahora de ser la conciencia moral del periodismo–, sino que al igual que Clarín y La Nación se benefició pecuniariamente de los genocidas.
Noticias tiene debajo de su tinta negra un componente de rojo sangre del cual debería avergonzarse o, por lo menos, pedir disculpas.
En su editorial ataca a Veintitrés, pero no responde lo principal: ¿Recibió Fontevecchia plata de la dictadura militar que produjo el genocidio de 30 mil desaparecidos? La respuesta es sí.
Una vez más, como lo hice a través del entonces presidente de FOPEA, el periodista Gabriel Michi, lo invitó a Jorge Fontevechia a debatir este tema en el foro que él quiera y con los moderadores que él elija. Espero que esta vez no rehuya la propuesta.
Fontevecchia, en su editorial, cita a Lanata. Yo prefiero el Talmud.
En el tratado Avodah Zarah –página 2A– el texto dice: “Durante los tres días anteriores a las fiestas paganas de los idólatras, está prohibido hacer negocios con ellos, prestarles artículos o tomar prestado de ellos, darles o recibir dinero de ellos, pagarles una deuda o recibir pago de ellos.”
Queda claro para los rabinos del Talmud que una transacción comercial con los pueblos paganos que practicaban sacrificios humanos en sus festividades debían estar prohibidas y no debía aceptarse plata de aquellos que tenían prácticas inhumanas.
Jorge Fontevecchia no tuvo problemas en recibir dinero de quienes, igual que los paganos, organizaron una orgía de sacrificios humanos, que no sólo le quitó la vida a las víctimas, sino el alma a sus cómplices.
Jorge Fontevecchia se quedó con el dinero de los genocidas, pero les entregó su alma.
Que Dios lo perdone.

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