Rodolfo Walsh cumpliría 85 años.

(AW) El compañero Rodolfo Jorge  Walsh cumpliría hoy 9 de enero de 2012, 85 años. 
Según supo decir él mismo, alguna vez fue lavacopas, limpiavidrios, comerciante de antigüedades y criptógrafo.  También fue un periodista y un investigador brillante, un lúcido intelectual y un escritor inigualable. Pero por sobre todos las cosas creemos que Rodolfo Walsh fue un revolucionario cabal; un ser humano, al igual que el CHE, coherente en pensamiento y acción.  Fue esa brutal honestidad la que lo llevó a  afirmar "he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda", la misma que lo impulsó a sumarse a la guerrilla primero, y a "discutir" politicamente con la conducción montonera después. Esa coherencia fue la que obligó a su conciencia a redactar la "Carta de un escritor a la Junta Militar" y a firmarla con su nombre y número de documento. Desde esta agencia, que humildemente lleva a su nombre a modo de homenaje y  de modelo a seguir, lo recordamos y redoblamos nuestro compromiso con su ejemplo. Publicamos a continuación algunos relatos cortos publicados en el libro "Ese hombre y otros papeles personales" que rescata escritos y papeles dde Walsh robados por los grupos de tareas cuando saquearon la quinta donde vivía en San Vicente, el 25 de marzo de 1977.-
walsh
LA NOTICIA*
Era una mujer rubia, de unos cuarenta años, probablemente alemana. Se llamaba Gertrudis. Lo que decía era esto:
-A mí me han comido "siete veces los dragones, pero siempre me tuvieron que vomitar.
- ¡Ah! -Dijo el periodista cortésmente, cerrando su libreta de apuntes-. ¿Y por qué, señora?
El estudiante de medicina que acompañaba al periodista sonrió al oír la palabra señora.
-Porque soy una diosa -dijo la señora Gertrudis.
-Una diosa -dijo el periodista.
-Sí. Fíjese -confió la señora Gertrudis señalando con el brazo a su alrededor, en un movimiento muy delicado-. Por mí caen todas las hojas del otoño. Mire cómo caen.
El periodista miró. El patio del manicomio estaba lleno de árboles, y de los árboles caían millares de hojas - Detrás de los muros había otros árboles y de ellos también caían las hojas, en una silenciosa, interminable inundación. El periodista vio que caían por todas partes al mismo tiempo, acaso en todo el mundo, y se preguntó cómo iba a hacer para dar esa noticia.
Dijo:
-Por favor, señora, baje el brazo.
La señora Gertrudis, con pena, bajó el brazo. El aire se volvió otra vez limpio y puro, y el periodista se alegró de no tener que pasar una noticia tan extraña.
OLVIDANZA DEL CHINO*

Nadie ignora que el chino es uno de los idiomas más difíciles de aprender y más fáciles de olvidar. Un profesor la Universidad de Pankow ha comparado favorablemente el coeficiente de olvido del chino con el coeficiente de evaporación del agua en el desierto de Gobi, en los meses de verano.
Estadísticas más concretas revelan que un chino adulto olvida diariamente, por simple desgaste (sin contar sustos, accidentes ni expropiaciones), un término medio de cuarenta palabras de su idioma, que debe reaprender generalmente, por la noche, sí no quiere verse empobrecido y hasta desposeído de lenguaje.
Algunos chinos, confiando en la indulgencia del futuro, postergan todos los días este problema y, en el momento menos pensado, descubren que ya no saben decir papá ni mamá.
No siempre son ésas las últimas palabras que se olvidan. Los chinos más ceremoniosos, educados en las antiguas tradiciones, se retiran de toda posible conversación al olvidar la frase "Pu kan tang", que significa "No soy digno" y que se usa principalmente para aceptar una taza de té. Cuando uno ve a un chino que se prepara té por su propia cuenta y en el mayor silencio, significa que ha salido para siempre de la zona parlante.
El mero desistimiento verbal, o cero conocimiento chino, no significa que el proceso haya terminado. Hace ya muchos siglos un filósofo formuló -antes de quedar mudo- la interesante proposición de que la desmemoria es inagotable y se perfecciona con el ejercicio Inclusive, cuando ya no queda nada por olvidar, las cuarenta fatales palabras diarias se van acumulando en especie de "debe" idiomático mediante el simple recurso de computarse como palabras en contra.
Se dan casos extremos de vividores al fiado que llega a adeudar las cuarenta mil palabras del idioma. Entonces empiezan a olvidar también el japonés y todas las lenguas que no saben, hasta que mueren en la indigencia verbal más espantosa, y el poeta más próximo aprovecha para sugerir que han entrado en el reino... ¿cómo se dice?

*Publicados en "Gregorio", suplemento de humor de "Leoplán" 5-2-1964

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