Lanús vapuleó a Huracán y se ilusiona con el campeonato.

 

FESTEJO. Todo Lanús celebra el gol de Valeri, el que abrió la goleada. (DyN

 

 

Con un show de fútbol y goles, le ganó 3-0 al Globo y quedó a un punto de la cima; Valeri, Romero y Pizarro, los tantos del Granate. Por Ariel Ruya / LA NACION

 

Clausura 2011: los goles de Lanús-Huracán

El paso de la tristeza a la alegría no debe ser sencillo. No sólo es una cuestión de actitud. Hay que convencerse, descubrirse. Encontrar esas facetas que deslumbran, que conmueven, que provocan felicidad. La tristeza expone desazón, derrotismo, esa mueca tan reconocible. Tantos tratados dicen que es más fácil construir un drama que crear una comedia. Es más sencillo hacer llorar que provocar una carcajada que, según cuentan, alarga la vida. Lanús debe de haber leído alguno de estos tratados. Ni siquiera debe de haber ido al psicólogo: se dio cuenta con la naturalidad del juego, del fútbol, de la vida misma.

Club modelo, su juego hacía tiempo que era una invitación a lo dramático. No sólo no peleaba por el título, tan bien acostumbrado que estaba: su juego era un vacío doloroso, un híbrido caprichoso. Peor aún: jugaba convencido de que ser timorato, ser defensivo, ser cauteloso era una necesidad. Se había convertido en un conjunto triste, sin luz, apenas rescatado en las primeras jornadas por un renovado Valeri, que con el tiempo quedó desnudo en la palidez general. Hasta que Gabriel Schurrer, los referentes y los jóvenes, casi todos nacidos en la casa, casi todos surgidos con el corazón granate, descubrieron que transformar velocidad por lentitud, agresividad por cautela y, sobre todo, darle alegría al juego, sería el trampolín esencial para creer que se puede. En este deslucido, tenso y volátil desarrollo del torneo doméstico, tres triunfos y una propuesta divertida, con el toque, la circulación y la valentía por ganar, podrían ser suficientes para tocar el cielo con las manos. Bienvenido, Lanús. Al club de la alegría que no es propiedad exclusiva de Barcelona. Al club de Vélez, al club de Godoy Cruz. Bienvenido, Lanús, por entender desde hace un puñado de jornadas que se puede jugar con una sonrisa.

Por eso es candidato. Por su alegría. El triunfo frente a Huracán por 3 a 0, sellado en un primer tiempo magnífico y un segundo capítulo más propio de un ensayo de solteros contra casados, queda demasiado pequeño en el contexto. Lanús patina en la nieve, cuando Huracán se empieza a poner el calzado. Lanús lo mira desde arriba sin sobrarlo: hasta cuando toquetea el balón lo hace con respeto. Al espectáculo, aun cuando frena su impulso en la parte final. Porque debió ser una goleada.

Valeri, desde fuera del área, con la complicidad de un pique que sorprende a Monzón. Balbi, Carranza, Pizarro y Romero, sin oposición, en una jugada colectiva genial. Carranza-Pizarro, también debajo del arco. Los tres goles en poco más de 30 minutos. Huracán ofició de sombra silenciosa, apenas camuflado por un supuesto penal (el envío de Machín pegó en el brazo de Hoyos) y la reacción desaforada del capitán quemero.

Antes y después (y antes de este partido y acaso después de éste...), Lanús entendió el mensaje que precisa el fútbol nuestro: jugar con alegría. Valeri es casi, casi, el mismo que se lució en el campeón aquel. Algo así como un fantasioso responsable. Pelletieri es, casi, casi, el mismo que se lució en el campeón aquel. Algo así como el aire para respirar.

Tienen los pies ardientes, como los basquetbolistas la mano caliente. En la recta final, cuando se deciden los campeones, Lanús juega con la mente fría y el corazón caliente. Como Camoranesi, convertido en un jugador cerebral, según pasan los años. Como Romero, un delantero poderoso que sólo ve perdido el balón cuando se acaba el juego. Como Carranza, zurdo picante que comprendió, al fin, el juego colectivo. Como Balbi, acaso el proyecto de lateral más promisorio de los últimos años.

Tal vez, Huracán no sea medida. Pero lo de Lanús es más profundo: verlo, sólo verlo, provoca una sensación tan parecida a la felicidad...

 

Por qué Lanús es candidato

Dejó de ser un equipo timorato y se convirtió en un conjunto agresivo y vistoso; Valeri vuela, Pelletieri es otra vez el cerebro y hay más figuras; le hizo precio a Huracán: 3 a 0

 

Por Ariel Ruya
LA NACION

El paso de la tristeza a la alegría no debe ser sencillo. No sólo es una cuestión de actitud. Hay que convencerse, descubrirse. Encontrar esas facetas que deslumbran, que conmueven, que provocan felicidad. La tristeza expone desazón, derrotismo, esa mueca tan reconocible. Tantos tratados dicen que es más fácil construir un drama que crear una comedia. Es más sencillo hacer llorar que provocar una carcajada que, según cuentan, alarga la vida. Lanús debe de haber leído alguno de estos tratados. Ni siquiera debe de haber ido al psicólogo: se dio cuenta con la naturalidad del juego, del fútbol, de la vida misma.

Club modelo, su juego hacía tiempo que era una invitación a lo dramático. No sólo no peleaba por el título, tan bien acostumbrado que estaba: su juego era un vacío doloroso, un híbrido caprichoso. Peor aún: jugaba convencido de que ser timorato, ser defensivo, ser cauteloso era una necesidad. Se había convertido en un conjunto triste, sin luz, apenas rescatado en las primeras jornadas por un renovado Valeri, que con el tiempo quedó desnudo en la palidez general. Hasta que Gabriel Schurrer, los referentes y los jóvenes, casi todos nacidos en la casa, casi todos surgidos con el corazón granate, descubrieron que transformar velocidad por lentitud, agresividad por cautela y, sobre todo, darle alegría al juego, sería el trampolín esencial para creer que se puede. En este deslucido, tenso y volátil desarrollo del torneo doméstico, tres triunfos y una propuesta divertida, con el toque, la circulación y la valentía por ganar, podrían ser suficientes para tocar el cielo con las manos. Bienvenido, Lanús. Al club de la alegría que no es propiedad exclusiva de Barcelona. Al club de Vélez, al club de Godoy Cruz. Bienvenido, Lanús, por entender desde hace un puñado de jornadas que se puede jugar con una sonrisa.

Por eso es candidato. Por su alegría. El triunfo frente a Huracán por 3 a 0, sellado en un primer tiempo magnífico y un segundo capítulo más propio de un ensayo de solteros contra casados, queda demasiado pequeño en el contexto. Lanús patina en la nieve, cuando Huracán se empieza a poner el calzado. Lanús lo mira desde arriba sin sobrarlo: hasta cuando toquetea el balón lo hace con respeto. Al espectáculo, aun cuando frena su impulso en la parte final. Porque debió ser una goleada.

Valeri, desde fuera del área, con la complicidad de un pique que sorprende a Monzón. Balbi, Carranza, Pizarro y Romero, sin oposición, en una jugada colectiva genial. Carranza-Pizarro, también debajo del arco. Los tres goles en poco más de 30 minutos. Huracán ofició de sombra silenciosa, apenas camuflado por un supuesto penal (el envío de Machín pegó en el brazo de Hoyos) y la reacción desaforada del capitán quemero.

Antes y después (y antes de este partido y acaso después de éste...), Lanús entendió el mensaje que precisa el fútbol nuestro: jugar con alegría. Valeri es casi, casi, el mismo que se lució en el campeón aquel. Algo así como un fantasioso responsable. Pelletieri es, casi, casi, el mismo que se lució en el campeón aquel. Algo así como el aire para respirar.

Tienen los pies ardientes, como los basquetbolistas la mano caliente. En la recta final, cuando se deciden los campeones, Lanús juega con la mente fría y el corazón caliente. Como Camoranesi, convertido en un jugador cerebral, según pasan los años. Como Romero, un delantero poderoso que sólo ve perdido el balón cuando se acaba el juego. Como Carranza, zurdo picante que comprendió, al fin, el juego colectivo. Como Balbi, acaso el proyecto de lateral más promisorio de los últimos años.

Tal vez, Huracán no sea medida. Pero lo de Lanús es más profundo: verlo, sólo verlo, provoca una sensación tan parecida a la felicidad...

11

  • puntos tenía Lanús en las primeras ocho jornadas, de andar irregular. En ese lapso, con una propuesta defensiva, perdió tres juegos como visitante (2-1 con Newell's, 2-1 con Banfield y 2-0 con Godoy Cruz). Cambió a partir del triunfo por 4-1 con Racing: para muchos, el despegue.
18
  • unidades cuenta Lanús en las siguientes ocho jornadas, hasta hoy, cumplida la 16ª fecha. En este último tiempo, se transformó en un conjunto agresivo y vistoso. Ganó los últimos tres y marcó nueve goles (3-2 con Vélez, 3-0 con Tigre y 3-0 con Huracán).
DIXIT

"El equipo está muy bien, hay un funcionamiento colectivo acertado, pero sabemos que no depende de nosotros. Hay que ganar todo."

Diego Valeri

"El club está preparado para esto. Es el lugar que debe ocupar Lanús, sin dudas. Después se verá si se puede coronar con el título o no."

Agustín Pelletieri

"El club está preparado para esto. Es el lugar que debe ocupar Lanús, sin dudas. Después se verá si se puede coronar con el título o no."

Gabriel Schurrer

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