Kirguistán, muertes, caos y ocupación

La oposición tomó la sede del gobierno luego de los violentos enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad que causaron 75 muertes y dejaron 400 heridos. La líder opositora y ex ministra de Asuntos Exteriores, Rosa Otunbayeva, formó un gobierno interino que busca imponer una nueva Constitución y reconoció que el presidente Bakiyev no quiere dejar su cargo.

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Kirguistán, muertes, caos y ocupación

La oposición de Kirguistán tomó la sede del gobierno por la fuerza y quiere imponer una nueva Constitución a pesar de que el presidente aseguró que no va a dejar su cargo - AP

El presidente de Kirguistán, Kurmanbek Bakiyev, intenta recuperar el poder perdido poco tiempo después de que la oposición se impusiera por la fuerza queriendo elaborar una nueva Constitución. La líder opositora y ex ministra de Asuntos Exteriores, Rosa Otunbayeva, reconoció que Bakiyev no quiere dejar su cargo y aseguró que: “El presidente trata de consolidar el electorado en el sur para continuar defendiendo su posición. Pero la oposición insiste en que abandone el poder".
Una coalición opositora en Kirguistán anunció previamente que formó un gobierno interino que regirá seis meses en la turbulenta nación de Asia Central. La líder opositora Roza Otunbayeva anunció que encabezará el gobierno y que se disolvió el parlamento para asumir la función legislativa.
En rueda de prensa, anticipó que el nuevo gobierno encabezará las negociaciones con el presidente Kurmanbek Bakiyev, quien huyó de la capital y se esconde al parecer en la región central de Jalal-Abad.
La oposición había ocupado poco antes, la sede del gobierno luego de enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad que causaran 75 muertes.
Ayer miles de manifestantes, furiosos por la corrupción y el aumento de precios de los servicios públicos, tomaron edificios del gobierno y chocaron con la policía dejando en duda quién controlaba esa nación de Asia central. La represión policial reprimió y causó 75 muertos y cientos de heridos, hasta el momento ya que algunos de los heridos están graves.
La violencia alteró la relativa estabilidad de esta montañosa ex república soviética donde se encuentra una base militar estadounidense de abastecimiento a las fuerzas que combaten al Talibán en Afganistán.
El caos estalló después que una unidad de elite de la policía abriera fuego contra multitudes de manifestantes, convocados por los partidos de oposición para un día de protestas.
La multitud tomó el edificio de la televisión estatal, lo saqueó y marchó al ministerio del Interior, pero cambió de dirección y atacó un edificio de la seguridad nacional, como pudieron comprobar reporteros de The Associated Press en el lugar. Las fuerzas de seguridad rechazaron el ataque.
El líder del principal partido opositor anunció, a través del canal estatal tomado, que había formado un nuevo gobierno y negociaba con el presidente para que renunciara. Los funcionarios de gobierno no respondieron de inmediato a los pedidos de declaraciones.
Decenas de manifestantes heridos ocupaban los corredores de uno de los hospitales de Biskek, a una cuadra de la plaza principal. Los médicos no daban abasto con la multitud de pacientes. Enfermeras se inclinaban llorando sobre los cadáveres, los médicos se hablaban a los gritos y los pisos estaban cubiertos de sangre.
El ministerio de Salud detalló que 75 personas murieron y más de 400 resultaron heridas en los choques con la policía. El activista opositor Toktoim Umetalieva había dicho previamente que un centenar de personas murieron cuando la policía abrió fuego con munición de guerra.
El activista opositor Shamil Murat dijo a la AP que el ministro del Interior, Moldomusa Kongatiyev, fue muerto a golpes por una turba en Talas, la ciudad del occidente del país donde comenzaron las protestas en la víspera, pero la influyente página de Internet Fergana.ru aseguró que Kongatiyev resultó herido de gravedad, pero no muerto, y que su propio reportero presenció el incidente.
Los disturbios comenzaron en la ciudad occidental de Talas, donde los manifestantes tomaron una oficina de gobierno y retuvieron al gobernador como rehén.
La oposición había convocado a las protestas y jurado desafiar las prohibiciones del presidente autoritario Kurmanbek Bakiyev.

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