La abuela uruguaya condenada a 20 años en EEUU era inocente.

 

abuelauruguayaEl País.-

El 10 de junio de 2012 fue el peor día en la vida de la uruguaya Marta Corvi. En una casa de la localidad de Dallas, en Georgia (EEUU), su nieta de 5 años y otra niña de la misma edad, que estaba a su cargo, murieron ahogadas en la piscina del jardín.

Fue acusada de negligencia criminal, sometida a un juicio con jurado, y estuvo 13 meses presa, luego de lo cual fue deportada a Uruguay. Pero el 16 de febrero pasado, la Corte Suprema de Georgia revocó el fallo y la absolvió de todos los cargos. Ahora, Marta Corvi (60) va a demandar a las instituciones y personas que la llevaron a padecer ese calvario. Quiere volver a Estados Unidos y reencontrarse con los familiares que aún viven en ese país.

El drama ocurrió en la residencia de una familia que la había contratado como cuidadora de sus hijos. Las dos niñas murieron ahogadas mientras ella hablaba por teléfono. Fue juzgada y condenada a 20 años de cárcel por crueldad hacia los niños y conducta imprudente. Sin embargo, fue liberada a los 13 meses y deportada a Uruguay porque estaba indocumentada.

Al inicio del proceso, la diplomacia uruguaya le recomendó que aceptara cargos menores y fuera deportada. Ella se negó y prefirió ir a juicio.

“He leído varias versiones y encuentro en todas alguna mentira, alguna falla. Es una historia que nunca pude contar, porque nadie quiso escuchar en Estados Unidos, empezando por los abogados”, dijo ayer a El País, y relató su versión de los hechos y las medidas que tiene previsto tomar.

“Lo que voy a hacer es tratar de limpiar todo lo que ensuciaron: mi nombre, mi persona, mi familia. Me ha costado muchísimo lo que ha pasado, hoy tengo una familia dividida y voy a demandar al condado de Paulding, al detective que investigó el caso y a la familia Juárez (padres de la otra niña fallecida) que tuvo mucho que ver con que yo fuera a la cárcel. Voy a hacer todo lo que sea legalmente posible”, dijo Corvi.

“Borrar lo que pasó es imposible”, dijo. Agregó que las acciones que iniciará “de ninguna manera van a devolver la vida a mi nieta, pero es una promesa que hice en la cárcel de ir hasta las últimas consecuencias”.

“Si vuelvo a Estados Unidos, sé donde quiero ir: a ver a mis hijas y al cementerio donde ella está. Y quiero ir con la frente en alto”, acotó.

Calvario

Ese fatídico 10 de junio, cuando Corvi vio que sacaban a las niñas de la piscina, uno de los familiares llamó al 911. Ella dijo que las trasladaran en auto al hospital. En el camino se encontraron con la Policía y los paramédicos, a los que entregaron a las niñas.

Intentó llamar a su hija. “Esa fue la parte más difícil para mí; no pude y un Policía lo hizo”, recordó llorando. Poco después, en el hospital le informaron que su nieta y la otra niña, Sophia Juárez, habían fallecido.

Marta quedó internada con custodia policial en una clínica psiquiátrica, donde “me drogaron y no sé que pasó esos días”. Desde allí la Policía la trasladó a una cárcel de baja seguridad, donde había recluidas personas con problemas de adicción a drogas. “Recién tuve noción de lo que estaba pasando como a la semana, porque pedía que no me dieran más inyecciones, no estaba lucida”, sostuvo.

Expresó que primero quedó detenida sin fianza “pero eso cambió; a los pocos días pidieron US$ 80.000; luego bajó a US$ 10.000, a 5.000 y a 2.300″. Afirma que las dos abogadas que la representaron no le permitieron contar su historia al jurado. “Siempre era lo mismo: que no diera detalles, que no hablara de esto o aquello. Mientras tanto, mis patrones hablaban en todos los diarios y en otros medios”.

Cuando supo de la acusaban de crueldad contra menores y negligencia criminal, “sabía que estaba sentenciada y dije que quería seguir adelante, ir a juicio”, pese a que entre el 95 y 98% de los casos criminales en Estados Unidos se resuelven con acuerdos para no llegar a juicio, contó Martín Etcheverry, abogado de Corvi. Agregó que la hija de Corvi ganó luego una demanda civil que presentó contra el matrimonio Juárez y el constructor de la piscina por falta de medidas de seguridad.

A los 13 meses de estar detenida, se concretó el juicio, que llevó pocos días. “Me di cuenta que todo estaba acordado. Si uno dice algo, el otro afirma que dirá lo otro, y no me dejaron testificar”, comentó y agregó que fue increíble “el circo” que montaron por momentos el fiscal y su propia defensora de oficio.

Ella había pedido a su abogada que al menos dos de los jurados fueran hispanos, pero no fue así.

“Se me acusó de negligencia criminal. En su alegato final, el fiscal dijo que por estar hablando por teléfono con un hombre, al que yo había conocido por internet, me perdí 45 minutos y desatendí a las niñas de la casa. El jurado me declaró culpable y el fiscal pidió 20 años, 10 por la vida de cada niña”.

El juez se levantó, se disculpó por lo que pasé y me dijo que por buena conducta ya había redimido la pena. Yo me pregunté si estaba loca, porque si bien no sé de leyes, no entendía cómo con una condena de 20 años me dejaban libre a los 13 meses por buena conducta”.

Quedar libre, en su caso, implicaba la deportación, la que se concretó en septiembre de 2013.

A fines de febrero, cuando ella ya estaba en Montevideo, fue notificada del fallo de la Corte Suprema de Georgia.

Su abogado uruguayo, presente ayer en la entrevista, explicó que Corvi tiene dos temas por delante: primero, tramitar un perdón para poder ingresar a Estados Unidos ya que al ser deportada no podría volver por 10 años.; y segundo, la posibilidad de reclamar por la condena errónea luego de la sentencia.

Fallo de la Corte Suprema sostuvo que no había evidencia para condenarla

El pasado 16 de febrero, la Corte Suprema del Estado de Georgia revocó el procesamiento de Marta Corvi por los delitos de crueldad hacia la infancia y conducta imprudente. El fallo unánime, redactado por el Juez Robert Benham, afirma que “la evidencia presentada “fue insuficiente” para condenarla y que la corte se equivocó al rechazar la moción de la defensa para pronunciar un veredicto de muerte accidental, y también al denegar el pedido de un nuevo juicio.

Las muertes de dos niñas de 5 años, Sophia y Mia (esta última nieta de Corvi) ocurrieron el 10 de junio de 2012. En mayo del año siguiente, un gran jurado del Condado de Paulding (donde residía la uruguaya) decidió que existía suficiente evidencia para enjuiciar a la acusada.

Durante tres días, el caso fue ventilado ante un jurado, y halló eco en la prensa nacional y en algún diario británico. El 20 de junio de 2013, el jurado la halló culpable de ambos cargos y la corte la sentenció a 20 años de cárcel. Sin embargo, la condenó a cumplir sólo un año de la pena y ordenó su deportación.

La uruguaya solicitó un nuevo juicio. En enero de 2014, se rechazó el pedido. En septiembre, la defensa apeló ante la Suprema Corte del Estado de Georgia.

El fallo definitivo resume los hechos:

En abril de 2012, la uruguaya había ido a vivir con Eduardo y Sandra Juárez y sus tres hijos, en una arbolada residencia, con jardín y piscina, en la localidad de Dallas, condado de Paulding, Georgia. Esta ciudad es mucho más pequeña que su homónima de Texas. Tiene poco más de 10.000 habitantes, aunque ha dado algunos ciudadanos de cierta notoriedad, como la estrella de punk Jayne County y la cantante de country Patty Loveless.

Corvi y los Juárez habían llegado a un arreglo informal. A cambio de comida y cama, la uruguaya se encargaba del cuidado de los niños, en particular de la pequeña Sophia; también cocinaba y hacía tareas de limpieza.

El drama

El 9 de junio de 2012, un día de primavera, los Juárez aceptaron que la nieta de Corvi, Mia, viniera a pasar unos días y a dormir a la casa. Como el día siguiente se presentó lluvioso, Corvi les dijo a las niñas que no fueran a la piscina y que se quedaran a jugar dentro de casa.

Al mediodía, los dueños de casa y uno de sus hijos salieron a hacer compras, mientras la cuidadora se quedaba a cargo de las niñas y del hijo mayor del matrimonio, que tenía entonces 13 años.

La abuela de Mia se quedó limpiando los pisos de madera de la planta principal mientras las niñas jugaban en el cuarto de Sophia, en la planta alta. El otro hijo estaba en su habitación, mirando televisión con los auriculares puestos.

En el juicio quedó establecido que Marta Corvi avisó al hijo mayor que bajaría al sótano a buscar una medicina y que volvería enseguida. Luego de tomar su medicina, Corvi hizo una llamada personal por teléfono, alrededor de las 12:55. Esta llamada fue uno de los elementos en que se fundó la acusación para incriminarla. La llamada duró casi 45 minutos.

Cuando los Juárez regresaron, preguntaron por Sophia y la cuidadora les dijo que las niñas estaban arriba, jugando. Sin embargo, cuando la familia fue a mirar, las niñas no estaban en ningún lugar de la casa. Las encontraron flotando en la piscina. No respiraban, sus cuerpos estaban fríos y tenían la piel azulada. Pese a los esfuerzos, no pudieron revivirlas.

La acusación señaló que la cuidadora “causó (a los niños) un cruel y excesivo daño físico” por no vigilarlos adecuadamente, mostrando negligencia criminal.

La Corte Suprema de Georgia, sin embargo, entendió que este “no es un caso donde una cuidadora dejara a los niños sin vigilancia en una piscina”, o los expusiera a una situación de peligro.

“La apelante nunca dejó a las niñas solas en la casa y confirmó que ambas estaban en el cuarto de Sophia cuando procedió a hablar por teléfono (…) Les dijo que no podían ir a nadar y no se ha demostrado que las pequeñas fueran propensas a desobedecer las órdenes. Tampoco se presentó evidencia de que la apelante hubiera fallado en supervisar, en otras ocasiones, a los niños a su cuidado”.

El fallo unánime de la Corte Suprema de Georgia sostiene que “los hechos no demuestran que la conducta de la apelante constituyera negligencia criminal que sostenga los cargos de crueldad hacia la infancia y conducta imprudente”.

Fuente: CosejaRoja.org

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