LO QUE SIGNIFICA "YPF".

Otra vez me primereó Pájaro Rojo porque se levanta temprano y en este blog cultivamos ese ocio creador que no se despierta antes de mediodía. Salinas se pregunta qué significa YPF, y en este breve relato intentaré explicarlo.
Para muchos de nosotros, los que crecimos en las décadas de los '50 y '60, la sigla de la empresa petrolera nacional tenía un contenido patriótico que no lograba atenuar todo lo que se estaba haciendo contra ella. Y no me refiero a la traición de las traiciones, la de los '90, sino a cómo a partir de 1955 se la fue feudalizando y destruyendo de todos los modos posibles.
En 1958, Frondizi comenzó por girar 180° su pensamiento plasmado en "La Batalla del Petróleo". Usando el pensamiento marxista de Rogelio Frigerio, el desarrollismo -ese nuevo fracaso de la burguesía argentina- se encaminó a fomentar las que entonces llamaba "industrias de base", pero con capitales extranjeros. Argumentaban ambos, Frondizi y Frigerio, que la capacidad de ahorro local era insuficiente, cuando en realidad el poder tradicional, lejos de invertir en actividades productivas, optaba (como siempre) por la súper-renta agraria, la ganancia financiera o la evasión.
Prebisch fue uno de los pocos que entendió lo que realmente sucedía, aunque -con toda razón- su plan económico para la Revolución Libertadora sería calificado por Arturo Jauretche como un "retorno al coloniaje".
Fue Frondizi el que "inventó" las concesiones petroleras.
El presidente Illia, aunque accedió a la Casa Rosada con un cuarto de los votos y el peronismo estaba prohibido, anuló esos contratos. Y bien que lo hizo.
Martínez de Hoz propuso en su plan económico, el mismo que le había vendido a la Junta Militar un año antes, la privatización total de la actividad empresaria estatal. Sin embargo, no privatizó una sola empresa pública. Entregó YPF a su archienemigo, el general Guillermo Suárez Mason, pero se reservó el derecho de diseñar la política petrolera. El generalito, entretanto, usaba a la empresa creada por Mosconi como base de la represión ilegal y para algunos negocios particulares.
Los contratos de concesión otorgados por Martínez de Hoz generaron algunas de las fortunas actuales, como la de Macri pero también las de Diego Ibañez y Antonio Cassia, el dirigente del SUPE cuyo hijo hoy milita en el pro-menemismo.
YPF, que había invertido en exploración, prospección, perforación y extracción del petróleo, pagaba a los nuevos concesionarios cuatro o cinco veces de lo que costaba a la propia YPF.
Los concesionarios sólo administraban los grifos, abriéndolos o cerrándolos de acuerdo a sus intereses.
Aunque cueste creerlo, en ese precio pagado por el Estado a los privados se incluía un fantasmal costo de transporte entre Houston (Texas) y el puerto de Ensenada por un petróleo extraído en Neuquén o Salta.
Luego vino la guerra de Malvinas, y de ella podría decirse también lo que alguna vez se había afirmado sobre el golpe militar del setiembre de 1930: Malvinas tenía olor a petróleo.
La Junta Militar quiso perpetuarse con ella, pero ese no fue el único interés en juego. El canciller Nicanor Costa Méndez presidía la Compañía General de Combustibles (CGC) una empresa perteneciente al grupo Motor Columbus creada con el único objeto de importar fuel-oil barato para las empresas generadoras de electricidad, y que también estaba en el negocio de las concesiones. La Compañía Ítalo de Electricidad era el gran negocio financiero de Motor Columbus, porque no invertía un peso y contaba todos los meses con una masa de dinero efectivo (la tarifa pagada por los usuarios) que giraba y engordaba dentro del circuito de la bicicleta financiera.
Motor Columbus es un grupo bancario suizo-británico. El principal inversor británico de Motor Columbus era el grupo Brown & Boveri. Las Malvinas eran británicas.
El designado ministro de Economía, Roberto Alemann pertenecía al directorio de Motor Columbus y representaba en Argentina a la Unión de Bancos Suizos, también socio del grupo. Alemann había estado en el gabinete de Frondizi y había sido uno de los impulsores del Club de París, que concedió un préstamo de casi 500 millones de dólares a la Revolución Libertadora. La deuda, con el paso de los años, trepó a 6.000 millones de dólares por el sucesivo recálculo de intereses y punitorios.
Alemann, como ministro de Economía del "majestuoso" Galtieri, decidió que la indemnización de guerra pagada al Reino Unido se disfrazara en el pasivo de YPF.
Luego vino Alfonsín.
Su secretario de Energía, Conrado Storani, renegoció las áreas de concesión de YPF brindando nuevos beneficios a los privados. Es probable que haya devuelto así un favor a Martínez de Hoz: Storani había sido el único miembro del directorio de Industrias Siderúrgicas Grassi (una empresa que Martínez de Hoz codiciaba para sumarla a su patrimonio personal) que no acabó en la prisión de Campo de Mayo por aplicación de la Ley 20.840. Su artículo 6° (subversión económica) había sido introducido por la dictadura para perseguir a los empresarios cercanos a José Ber Gelbard, y será derogado durante la presidencia provisional de Eduardo Duhalde, por exigencia del FMI, para impedir que Cavallo, Pou, Roque Fernández, De la Rúa, Machinea y Christian Colombo (¿me olvido de alguno?) terminaran en la cárcel.
Los ingleses se quedaron con el petróleo de Malvinas.
Los españoles, ya en los '90, con YPF. Para los que crecimos en las décadas de los '50 y '60, la sigla de la empresa petrolera nacional adquirió otra significación, inexpresable y más allá de la traición.
Saludamos otra vez, sin atenuantes, esta decisión patriótica de Cristina.

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