Una legisladora porteña PRO -Trata: María Eugenia Rodríguez Araya.

El siguiente artículo fue publicado el domingo en el semanario Miradas al Sur.

Año 4. Edición número 160. Domingo 19 de junio de 2011

Por Lucas Schaerer

María Eugenia Rodríguez Araya basó su campaña en la lucha contra las redes que explotan sexualmente a mujeres. Sin embargo, está en pareja con Jorge Cipolla, un comisario echado de la Federal por apañar prostíbulos y sospechado de desviar la investigación por el secuestro de Florencia Penacchi.

La diputada del PRO porteño María Eugenia Rodríguez Araya está en pareja con Jorge Omar Cipolla, un ex alto oficial de la Policía Federal Argentina (PFA) denunciado en la Justicia por recaudar ilegalmente coimas de varios prostíbulos y que, según se aprecia en el Facebook del ex agente, ahora ha conseguido empleo en el Ministerio de Educación porteño. Los vínculos de la legisladora con gente complicada con la Justicia no terminan allí. Así, se sabe que tiene mucho contacto con José Luis Bo, un ex coronel condenado por espiar jueces, organismos de derechos humanos y partidos políticos en los ’90 y a quien invitó, meses atrás, para que brinde una conferencia sobre temas de seguridad en la Legislatura que terminó en escándalo cuando se pelearon asesores oficialistas y opositores.
El lado oculto de la diputada empezó a quedar en evidencia cuando tomó la decisión de convocar a diversas ONG que luchan contra la trata de personas. La estrategia de la diputada era hacer una revista digital dedicada a la problemática del tráfico humano. Para ello, se iba a rodear y nutrir de la información que aportarían, a modo voluntario, estas organizaciones de la sociedad civil.
Sin embargo, ese proyecto no prosperó al descubrirse que Rodríguez Araya estaba en un calculado y perverso doble juego. Cipolla es quien dirigió por años la División Antisecuestros de la PFA. Su caso más conocido fue la desaparición de la estudiante de Ciencias Económicas Florencia Penacchi. La última vez que Pedro Penacchi, hermano de la víctima, habló con ella fue el miércoles 16 de marzo de 2005, a las 11.55. Por las antenas celulares quedó registrado que ella estaba en un bar de la avenida Raúl Scalabrini Ortiz, en Palermo. Desde entonces quien llevó por años la investigación para ubicar a Penacchi es la División Antisecuestros que entonces dirigía el agente expulsado. En sus declaraciones a la prensa, dejó en claro que no iría tras la pista por una red de trata de personas. A los tres meses de la desaparición sostuvo: “Tenemos fuertes indicios de que está con vida. La pista más sólida indica que es probable que esté en el interior, viviendo con alguien –un hombre–, y viajando cada tanto a la Capital. Estamos trabajando. No conviene difundir nada más”.
“Su declaración respecto que Florencia se había ido con un novio nos mató un poco. Nos dejó mal algunos meses, nos frenó. Sin embargo, Cipolla nos desmintió que él haya hecho esas declaraciones, nos dijo que no había hablado, negó todo”, señala Pedro Penacchi.
Desde Neuquén, Silvina Bergmann, una amiga de ella y ex integrante de la agrupación Sin Cautivas, detalló a Miradas al Sur las irregularidades del ex comisario Cipolla: “Durante tres años por lo menos todos los operativos estuvieron a cargo de él. Es raro porque no existe en la causa pruebas de que se trate de un secuestro extorsivo. Además, Cipolla, no intervino todos los celulares del principal sospechado, sólo uno. Todo terminó en nada porque el ex policía argumentó en la causa que hubo un error técnico y se perdieron las escuchas telefónicas. Sólo quedó registrado una charla de Pedro Penacchi y su entonces abogado Federico Ravena. No se recuperó nada de las escuchas por lo que es sumamente sospechoso. Entonces nunca fue citado a declarar el más firme sospechoso”.
Bergmann agregó que “Cipolla fue quien dijo que Florencia tenía un diario íntimo donde se dejaba ver una vida de descontrol. Eso es falso. De hecho nunca apareció el diario en la causa. Con el paso del tiempo, este comisario se declaró incompetente porque decía que no tenía elementos técnicos para hacer la investigación”.

Infierno chico. “En la división que investiga las redes de explotación sexual todo el mundo sabía que Cipolla estaba con el macrismo. Yo no le daba importancia pero escuchaba que el titular de Trata, Jorge Fernández, decía que la mujer de Cipolla era del PRO”, aclaró en su momento la auxiliar administrativa de la PFA, Nancy Miño Velásquez, quien integró esa división y que el año pasado denunció por corrupción a altos jefes policiales, entre ellos Cipolla.
La mujer policía que realizó tareas de inteligencia dentro de prostíbulos declaró 14 horas en el juzgado Federal N° 4, a cargo de Ariel Lijo, contra la mafia policial. Luego, fue refugiada en la Fundación La Alameda donde estuvo con custodiada durante meses con miembros de Gendarmería y Prefectura. Miño Velásquez respecto de la pareja de la legisladora denunció que “desde Delitos contra la Salud estaban enfrentados con Trata de Personas por la coima de un prostíbulo de Pompeya. A mí me llamó el comisario Fernández para que plantara dos menores con DNI apócrifos de adultas. Esa cama se la hacían a Cipolla porque él recaudaba ahí y se querían quedar con esa plata. No hice lo que me pidió Fernández y fui a avisarle a Cipolla. Le conté las irregularidades en la división Trata de Personas ya que era el jefe inmediato de la división Trata. Me refugió un tiempo hasta que me dijo que no me podía proteger más”, denunció el año pasado Nancy Miño, dando argumentos al Ministerio de Seguridad Nacional para el desplazamiento de Cipolla.
Tal vez, la legisladora macrista, María Eugenia Rodríguez Araya, pensaba equilibrar su imagen de mujer de un policía denunciado y echado con su fuerte campaña declamatoria contra la explotación sexual. El doble juego no le salió.

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