Argentina festejó en el clásico ante Brasil.

En Arequipa, el Sub 20 le ganó por 2-1 con goles de Funes Mori –de penal- y de Iturbe (Willian había empatado). El equipo de Perazzo le quitó el invicto a su rival, quedó a un paso del Mundial de Colombia y bien posicionado para los Juegos de Londres.

PorJORGE O. BLANCO
Arequipa, Perú. Enviado Especial

    GOL. Funes Mori le rompe el arco al arquero Gabriel y pone el 1-0 para Argentina. (Afp)

    ASPERO. Neymar maniobra entre Funes Mori, Zuculini y Tagliafico. (Afp)

    ALEGRIA. Iturbe, en la cima del festejo argentino. (EFE)

    Si durante este torneo Argentina había apostado a su corazón, en este clásico, donde más lo necesitaba, todo su coraje salió a relucir. El temperamento, el orden táctico y una genialidad de Juan Iturbe mantuvieron con vida el sueño de defender el bicampeonato olímpico en Londres.

    En dos minutos, a este equipo que dirige Walter Perazzo se le simplificó la ecuación. Esa por la que había tomado algunos recaudos antes de salir a a la cancha. Porque Bruno Uvini, capitán de Brasil, salió lesionado a los 4 y dos minutos más tarde, Juan, el otro marcador central, le pegó un codazo dentro del área a Rogelio Funes Mori y se fue expulsado. Penal, que el delantero de River cambió por gol. Así, el seleccionado sensación de este Sudamericano comenzó otro partido: sin sus dos centrales, y con un gol en contra.

    Las dos líneas de cuatro que armó la Selección -en el medio con Adrián Martínez por la derecha y Lucas Rodríguez por la izquierda- aportaron a esa intención de frenar los embates de Brasil. Sobre todo, ese talento de Neymar, que se mantuvo acompañado por los otros dos puntas (Lucas y Willian) pese a jugar con desventaja por la roja del comienzo. Con ese plan, austero y sencillo, el conjunto de Perazzo controló y rompió sociedades, pero renunció a todo protagonismo de tenencia de pelota.

    En alguna contra, Argentina pudo aumentar con un remate de Juan Iturbe y otro de Rodrigo Battaglia. No más que eso. El resto, sólo concentración y presión en el mediocampo donde el doble cinco sí se destacó: Bruno Zuculini en la marca y en los relevos y Battaglia en criterio y recuperación. Brasil,. que siempre tuvo el control del balón, se cruzó con su mejor oportunidad cuando en un desborde de Danilo, Neymar cabeceó y el arquero Esteban Andrada tapó con una mano. Brillante.

    Cuando un equipo espera con un candado, probablemente la solución del rival pase por el remate de media distancia. Y si el rival es Brasil, es posible que sea un argumento válido. Golazo de Willian, que la puso bien junto al palo izquierdo de Andrada. 1 a 1. El empuje, eso que siempre fue identidad de este seleccionado argentino en el torneo -nunca pudo dar con su fútbol- fue otra vez la razón para buscar. De algún modo, tal vez sin demasiada idea. Y en una acción, a la salida de un pique en mitad de cancha, Iturbe demostró ser un futbolista de categoría: encaró de derecha a izquierda, y a pura gambeta definió cruzado ante la salida de Gabriel. De lujo.

    Ese segundo tiempo en el que Neymar se tiró a probar suerte sobre el sector derecho de la defensa de Argentina, fue una de las claves para algún temblor en la defensa del conjunto de Perazzo. Sin embargo, y luego del gol de Iturbe, el seleccionado pudo conseguir tener un poco más de control de pelota. Más aún, con el ingreso de de Ezequiel Cirigliano en lugar de Bruno Zuculini. El, junto con Battaglia, armaron una pareja diferente para que la discusión sobre la tenencia fuese otra. Así, el equipo se abrazó a un triunfo que se pudo escapar con ese tiro libre de Casemiro que dio en el travesaño, pegó en la nuca de Andrada y salió al córner.

    Con el pitazo final, se vino el desahogo de los jugadores, y el estallido del banco de los suplentes. Porque Argentina, prácticamente, puso un pie en el Mundial de Colombia, porque aunque el juego no esté, sí asoma el temperamento, el fuego sagrado del fútbol argentino está intacto. Más que nunca.

     

    Fuente: Diario Clarin

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